Cómo abordar de forma constructiva la rivalidad entre hermanos: menos comparaciones, más unión
Las peleas entre hermanos son normales. Lo que marca la diferencia es que los padres reduzcan la presión por compararse y acompañen a los niños de forma fiable en los conflictos.
Los hermanos pueden quererse mucho y, aun así, discutir acaloradamente. Para los padres, esto suele resultar agotador, ya que cada conflicto les lleva a preguntarse si, en ese momento, no están tratando a uno de sus hijos de forma justa.
La rivalidad entre hermanos no es prueba de una mala crianza. Más bien pone de manifiesto cómo se reparten en ese momento la cercanía y la atención en el seno de la familia. Y hasta qué punto cada uno de los niños lo percibe como justo.
En resumen
Los conflictos entre hermanos se vuelven más constructivos en cuanto los padres dejan de compararlos y asumen un liderazgo claro en los momentos de tensión.
Lo que se esconde tras muchas disputas entre hermanos
A simple vista, a menudo se trata de nimiedades. De quién es el juguete, quién puede sentarse delante. Pero, en el fondo, suele haber otra cuestión: ¿me están prestando atención y se me trata de forma justa?
Los niños compiten por cosas, pero sobre todo por la atención de los padres. Precisamente por eso algunas situaciones cotidianas se agravan tan rápidamente.
Lo que los padres refuerzan sin querer
La comparación es uno de los refuerzos más potentes. Una frase como «Tu hermana también lo consigue» garantiza la calma a corto plazo. Sin embargo, lo que queda grabado en el niño es, sobre todo, la vergüenza.
También un trato igualitario rígido puede resultar injusto. «Justo» rara vez significa lo mismo para todos. A menudo, lo más adecuado es lo que cada niño necesita en ese momento.
- Evitar las etiquetas de roles
- Limitar de inmediato las críticas despectivas
- Abordar los conflictos también en momentos de calma, en lugar de solo en el momento álgido
- Planificar tiempo exclusivo con cada niño
Cómo es un acompañamiento constructivo
No es necesario que resuelva cada discusión. Sin embargo, debe mantener los límites en cuanto los niños ya no sean capaces de hacerlo por sí mismos. Detenga lo que resulte hiriente y describa con calma lo que está ocurriendo en ese momento. A continuación, ofrezca orientación sobre cómo continuar.
A largo plazo, resulta útil centrarse en la prevención. ¿En qué situaciones suele perder el control? A menudo se debe al cansancio, al hambre, a los momentos de transición o a un desequilibrio en la atención.
Preguntas frecuentes
¿Son normales las peleas frecuentes entre hermanos?
Sí, hasta cierto punto. Preste atención a si los conflictos siguen siendo resolubles o se convierten en algo que causa daño de forma permanente.
¿Debo intervenir siempre de inmediato?
No en todos los conflictos. Intervenga en cuanto se sobrepasen los límites o un niño salga perdiendo de forma habitual.
Lo que ayuda en estos casos
Los hermanos no tienen por qué caerse bien siempre. Sin embargo, necesitan unos padres que eliminen la presión de compararse entre sí y que, de forma fiable, reconduzcan los conflictos hacia el ámbito de la relación.
Siga leyendo y profundice
- Fomentar la resiliencia en los niños. Ayuda a enfocar los conflictos entre hermanos desde una perspectiva orientada al desarrollo.
- Límites saludables sin disputas constantes. Útil cuando los conflictos se agravan en torno a temas delicados.
- La regulación emocional en el glosario. Explica por qué los niños suelen perder el control en situaciones de conflicto.
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