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Disciplinado

"Sehr diszipliniert" klingt nach einer Stärke. Bei einer Essstörung kann dahinter ein starres Kontrollverhalten rund um Essen, Gewicht und Körper stehen, das keine Ausnahme mehr zulässt.

Índice

¿Qué significa «ser muy disciplinado» a la hora de comer?

«Muy disciplinado» es un elogio que los padres suelen expresar cuando un niño cumple al pie de la letra las normas a la hora de comer, sale a correr cada mañana y se resiste a los dulces. En el caso de un trastorno alimentario, el mismo término describe algo distinto: un sistema rígido de normas en torno a la alimentación, el peso y el cuerpo, que ya no admite excepciones. Los expertos hablan de un comportamiento de control rígido (un control estricto e inflexible del propio comportamiento).

El niño cuenta calorías, pesa las raciones, planifica las comidas con antelación y reacciona con tensión o enfado cuando algo se desvía del plan. Las normas prevalecen sobre el hambre, el cansancio y los compromisos. Este comportamiento constituye el núcleo de la anorexia nerviosa, que en el sistema de diagnóstico se clasifica en el grupo F50.

¿Autodisciplina saludable o comportamiento controlador y rígido?

No toda la disciplina es una señal de alarma. Un niño que se entrena para una competición o que cuida su desayuno puede vivir perfectamente con ello. La diferencia entre la autodisciplina sana y el control patológico radica en la flexibilidad.

Un niño con disciplina sana cumple su plan de entrenamiento y, aun así, disfruta de la tarta en una fiesta de cumpleaños. Es capaz de saltarse una norma sin que el día se venga abajo. Si se cancela el entrenamiento, se enfada un momento y sigue adelante. En el caso de un comportamiento de control rígido, la norma es intocable. Saltarse una sesión de entrenamiento o comerse un trozo de pizza le provoca sentimientos de culpa, pánico o le hace darle vueltas al asunto durante horas. El niño se guía por las cifras en lugar de por el hambre y la saciedad. Las amistades, las comidas familiares y las actividades espontáneas se subordinan al plan. Otra señal: las exigencias no dejan de aumentar, pero el objetivo nunca se alcanza.

Cómo pueden los padres detectar el «efecto de basculación»

Las conductas de control rígidas rara vez se manifiestan abiertamente. A menudo se disfrazan de ambición o de un estilo de vida especialmente saludable, por lo que pasan desapercibidas durante mucho tiempo. Los padres suelen fijarse más en los síntomas acompañantes. Preste atención a la acumulación de estos a lo largo de varias semanas, no a un solo caso aislado:

  • el análisis minucioso del contenido calórico y de grasas, la elaboración de listas de alimentos propias, la eliminación de grupos enteros de alimentos
  • rituales fijos a la hora de comer: cortar trozos minúsculos, comer muy despacio, utilizar siempre la misma vajilla
  • pesarse varias veces al día y controlarse constantemente frente al espejo
  • práctica de deporte, incluso en caso de enfermedad o agotamiento
  • Ausencia de las comidas en común, excusas como «ya he comido»
  • una creciente orientación hacia el rendimiento en los estudios y el deporte, sin apenas descansos

El control sobre la alimentación y el cuerpo se convierte para el niño en su principal punto de apoyo. Precisamente eso es lo que hace tan difícil abandonar esas normas.

Por qué la disciplina se convierte en control

El control tranquiliza. Quien siente miedo, estrés o poca influencia sobre su propia vida encuentra en unas normas alimentarias rígidas una sensación de seguridad y éxito. Cada norma que se cumple confirma: «Soy capaz de hacerlo». En la anorexia, este círculo vicioso cobra vida propia. La falta de alimentos intensifica los pensamientos obsesivos, lo que hace que las normas se vuelvan aún más estrictas.

Las directrices médicas señalan varios factores que se combinan: una predisposición hereditaria, unas altas exigencias hacia uno mismo, experiencias traumáticas y un ideal de delgadez impuesto por el entorno. El perfeccionismo y la compulsividad se cuentan entre los factores de riesgo conocidos. Esto explica por qué pueden verse afectados precisamente aquellos niños adaptados y aplicados, cuya disciplina se ha considerado durante mucho tiempo una fortaleza y que rara vez suscitan preocupación en su entorno.

Qué pueden hacer los padres y dónde pueden encontrar ayuda

Como padres, no tienen que establecer un diagnóstico. Pueden señalar lo que les llama la atención, con calma y sin reproches. Las frases sobre el comportamiento son más útiles que las que se refieren al peso o al aspecto físico; por ejemplo: «Me he dado cuenta de que ya casi nunca comes con nosotros». Evite las disputas de poder en la mesa y los comentarios sobre la figura o las calorías. Observe durante varias semanas si los indicios se multiplican y anote detalles concretos, como comidas que se salta o rituales que le llamen la atención. Busque cuanto antes una consulta con el pediatra o la pediatra, quien podrá evaluar las consecuencias físicas y propiciar los pasos a seguir.

Solo un profesional médico o psicoterapeuta puede aclarar si detrás de esa disciplina se esconde un trastorno alimentario, por ejemplo, en un centro de psiquiatría infantil y juvenil (KJP). Rückenwind le acompaña como padre o madre durante este periodo, pero no establece diagnósticos ni sustituye al tratamiento.

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