La trampa de los «buenos padres»: cómo el perfeccionismo agota a las familias
El perfeccionismo agota a las familias de forma silenciosa y duradera. Qué se esconde tras la trampa de «ser buenos padres» y qué medidas facilitan realmente el día a día.
La trampa de los «buenos padres»: lo que los padres deben comprender en primer lugar
Suele empezar de forma discreta. Un libro de consejos por aquí, una madre en Instagram por allá. Luego, la vecina cuenta todo lo que ha hecho con sus hijos durante el fin de semana. Y, de repente, surge esa leve sensación: «No lo estoy haciendo lo suficientemente bien».
Eso es precisamente la trampa de los «buenos padres». Se produce sin crisis dramáticas y sin fracasos evidentes. La presión crece lentamente, se va infiltrando en la rutina familiar y, en algún momento, resulta tan normal que ya ni siquiera se da cuenta de ella.
La trampa funciona así: la paternidad moderna plantea exigencias históricamente elevadas. Vínculo afectivo, estimulación, trabajo remunerado, disponibilidad emocional, y todo ello al mismo tiempo, a ser posible de forma consciente y reflexiva. Quien aplica el perfeccionismo como criterio tácito, ya no tiene margen de maniobra. Ningún paso es nunca realmente lo suficientemente bueno, porque siempre se podría imaginar uno mejor.
Lo que a menudo se pasa por alto es que la mayoría de los padres nunca han elegido conscientemente estas expectativas. Provienen de su propia infancia, de su entorno y de una cultura educativa que, sencillamente, idealiza la paternidad intensiva. Esto tiene poco que ver con el fracaso personal. Se trata de un problema estructural que se va acumulando en el cuerpo y la psique a lo largo de los meses. Los expertos que se ocupan del agotamiento parental observan un patrón: precisamente los padres que quieren hacerlo especialmente bien son los que tienen más probabilidades de caer en el agotamiento.
Ahí radica el quid de la «trampa de los buenos padres»: del amor surge una exigencia, y de esa exigencia se deriva el agotamiento.
Cómo se manifiesta esto en el día a día familiar
El agotamiento parental derivado del perfeccionismo rara vez se manifiesta de forma espectacular. Se va infiltrando poco a poco y, precisamente por eso, pasa desapercibido durante tanto tiempo, incluso para los propios afectados.
Algunas señales que quizá le resulten familiares:
- Se siente cansado antes incluso de que empiece el día. No es somnolencia, sino más bien un vacío.
- Las pequeñas cosas le exigen una energía desproporcionada. Basta con un zapato perdido o una discusión durante el desayuno.
- Funciona, pero la emoción que hay detrás ha desaparecido.
- Un fin de semana libre no le ayuda realmente. El lunes está tan agotado como el viernes.
- Se culpa a sí mismo por no estar más presente, por no ser más paciente o más cariñoso. Y esos reproches le quitan aún más energía.
Merece la pena detenerse en este último punto. El agotamiento y los sentimientos de culpa se alimentan mutuamente. Quien está agotado se vuelve más irritable, y esa irritabilidad genera nuevos sentimientos de culpa. Estos, a su vez, consumen energía. Por sus propios medios, resulta muy difícil romper este círculo vicioso.
A esto se suma un patrón que muchos padres conocen, pero que rara vez nombran: el perfeccionismo parental distribuye la energía de manera uniforme. Esto suena justo, pero a menudo conduce directamente al agotamiento. La cena debe ser perfecta, hay que ayudar con los deberes, hacer la cama a tiempo y organizar el cumpleaños con mucho cariño. Para cuando llega el momento de la charla antes de acostarse, ya no queda nada. Justo ahí, donde realmente importa.
Si ambos progenitores se ven atrapados en este patrón, la relación de pareja también se resiente. Rara vez se debe a la falta de amor. Entre los hijos, el trabajo, las tareas domésticas y la carga mental, sencillamente no queda energía para el uno al otro. Por las noches, uno se sienta en el sofá y no tiene nada que decirse. Esto les resulta familiar a más familias de las que jamás lo admitirían.
Qué alivia concretamente el día a día
No existe un interruptor que simplemente se pueda accionar. Quien prometa eso, miente. Sin embargo, hay medidas que realmente marcan la diferencia. No se trata de añadir nuevas tareas, sino más bien de reducirlas.
Reflexionar antes de actuar
El primer paso es hacer un balance, no se trata de un consejo ni de una técnica. ¿Qué expectativas tiene usted mismo en este momento? ¿De dónde provienen? ¿Y cuáles de ellas ha elegido realmente usted mismo? Muchas le fueron impuestas en algún momento, sin que nadie le preguntara.
Muchas de estas expectativas son invisibles, porque parecen algo natural. Ahí es precisamente donde comienza el alivio: en el reconocimiento, incluso antes de que tenga que hacer nada de forma diferente.
Por qué «suficientemente bien» es suficiente
No existe la paternidad perfecta. Sí existe, en cambio, la paternidad fiable, y esta se nutre de la continuidad, no de la perfección. Los profesionales que trabajan con familias observan una y otra vez lo mismo: los momentos más significativos en la vida cotidiana de una familia rara vez son los que se planifican a la perfección. Lo que perdura es lo auténtico. Por ejemplo, esa breve conversación de camino al colegio, o la reconciliación tras una discusión, cuando el día ya parecía haber llegado a su fin.
La denominada perspectiva 80/20 resulta útil en este sentido: el 80 % del efecto se deriva del 20 % del esfuerzo. Para los padres, esto significa concretamente: aprender a distinguir lo que realmente importa de lo que solo pretende parecer perfecto. El esfuerzo puede distribuirse de forma desigual.
El autocuidado no es un lujo
La palabra suena a fin de semana de bienestar. Sin embargo, se refiere a algo más sobrio: mantenerse en condiciones de actuar. Quien da constantemente más de lo que recibe, toma prestada la energía de algún sitio, normalmente de sí mismo. Durante un tiempo, esto funciona bien. A la larga, no.
El autocuidado en el día a día familiar tiene poco que ver con la superación personal. Significa darse cuenta de cuándo se está agotando la propia reserva de energía y hacer pequeñas cosas reales que la repongan. De forma regular, y con mucha más frecuencia que una vez al mes.
El apoyo no es un fracaso
La trampa de los «buenos padres» suele susurrar: «Debería poder arreglárselas solo». Eso no es cierto. Ningún padre o madre ha sido diseñado para cargar con todo en solitario. La familia extensa se ha vuelto poco común, el pueblo ya no está ahí. A pesar de ello, a través de las redes sociales uno se compara constantemente con los demás. Los márgenes de seguridad se han reducido, pero las exigencias no.
Buscar apoyo, ya sea a través de conversaciones, acompañamiento o coaching, no tiene nada que ver con la debilidad. Demuestra que ha sido capaz de analizar la situación y de llamar al problema por su nombre.
Si el agotamiento se prolonga desde hace tiempo, se extiende a todos los ámbitos de la vida y ni siquiera un fin de semana libre le ayuda a recuperarse, es señal de que conviene acudir a un profesional para una evaluación. Los profesionales, como los médicos de cabecera, los psicólogos o los psicoterapeutas infantiles y juveniles, pueden determinar qué hay detrás de ello. Dar este paso requiere valor, y es lo más sensato.
En caso de crisis agudas o de pensamientos de querer dejar de existir, póngase en contacto inmediatamente con el servicio de ayuda telefónica: 0800 111 0 111 (gratuito, las 24 horas, los 7 días de la semana).
Cuál es el siguiente paso más adecuado ahora
Si ha leído hasta aquí, es probable que algo de este texto le haya llegado al corazón. Quizá una leve toma de conciencia, quizá también una frase que le haya resultado demasiado cercana.
Esto rara vez ocurre por casualidad. Por eso, no hay nada fundamentalmente malo en usted. Simplemente merece la pena analizar la situación con más detenimiento ahora, en lugar de limitarse a seguir aguantando.
Un buen primer paso: analice qué es lo que más energía le está costando actualmente en su familia y qué aspectos de ello quizá ni siquiera sean necesarios. Nuestro libro electrónico gratuito le ayudará precisamente a hacer este análisis. No ejerce presión, no le asigna nuevas tareas ni promete una superación personal.
En la sección de nuestras ofertas podrá ver, de forma resumida, cómo es concretamente el acompañamiento en «Rückenwind». «Rückenwind» es un servicio de coaching y acompañamiento, no un entorno terapéutico. Es, en cambio, un espacio en el que se puede expresar el agotamiento y en el que se tienen en cuenta las dinámicas familiares.
No tiene por qué reflexionar sobre ello en solitario. Y «ser lo suficientemente bueno» es un objetivo totalmente legítimo.
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