Familie5Tiempo mínimo de lectura11 de junio de 2026

Fase de autonomía: lo que su hijo está aprendiendo en este momento, mientras le lleva al límite

Durante la fase de autonomía, su hijo descubre su propia voluntad. Qué le pasa en ese momento, por qué esta etapa resulta tan agotadora y qué es lo que facilita notablemente el día a día.

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Por Janike Arent
Fase de autonomía: lo que su hijo está aprendiendo en este momento, mientras le lleva al límite

Su hijo se tira al suelo porque le ha pelado el plátano. Llora porque le ha abrochado la chaqueta, cuando él quería abrochársela solo. Y usted se queda ahí de pie, preguntándose qué ha sido de ese niño tan simpático que tenía.

La respuesta breve: nada malo. Al contrario. Lo que está viviendo es la fase de autonomía. Antes se llamaba «fase de rebeldía», y ese antiguo nombre ha causado mucho daño. Y es que su hijo no se está rebelando contra usted en absoluto. Está luchando por algo que aún no puede alcanzar: una voluntad propia.

En resumen

La fase de autonomía suele comenzar entre los 18 meses y los 2 años y puede prolongarse hasta los cinco o seis años. El niño descubre su propia voluntad, pero aún no es capaz de controlarla. Las rabietas forman parte del desarrollo en esta etapa y no dicen nada sobre su forma de educarlo.

Por qué «fase de rebeldía» es un nombre erróneo

La palabra «desafío» sugiere intencionalidad. Da la impresión de que el niño se opone a usted para molestarle o ponerle a prueba. Es precisamente esta imagen la que lleva a los padres a una lucha de poder: quien se desafía debe ser doblegado; de lo contrario, se le subirá a la cabeza. Así es como muchos de nosotros mismos lo hemos vivido.

La psicología del desarrollo nos ofrece una imagen diferente. Entre el segundo y el tercer año de vida, un niño comprende por primera vez: «Soy alguien y quiero algo». Lo que yo quiero puede diferir de lo que quieren mamá o papá. Este descubrimiento es trascendental. Su hijo experimenta por primera vez la voluntad, sin disponer de las herramientas necesarias para gestionarla.

Por eso, el término «fase de autonomía» describe mejor la esencia. Su hijo está trabajando en su independencia. El hecho de que surjan tantos conflictos se debe a la magnitud de esta tarea.

Lo que ocurre en la mente de su hijo

La parte del cerebro que frena los impulsos y regula las emociones, la corteza prefrontal, es, en un niño de dos años, una obra en construcción. No alcanza la madurez hasta la edad adulta temprana. El centro de las emociones, por el contrario, ya funciona a pleno rendimiento.

En la práctica, esto significa que su hijo siente la decepción, la ira y la impotencia con toda su intensidad, pero no tiene ningún freno para ello. Si el plátano está colocado de forma incorrecta en el plato, para su hijo, de hecho, su mundo se derrumba por un momento. Lo que parece un berrinche es, en realidad, una sobrecarga emocional.

Esto también explica por qué los argumentos no surten efecto cuando está enfadado. Un niño en plena rabieta es tan poco receptivo a la lógica como usted en su peor discusión. Primero deben remitir las emociones; solo entonces vuelve la razón.

Lo que su hijo aprende durante este periodo

Por muy agotadora que sea esta etapa, tiene una función. Su hijo está practicando aquí habilidades que necesitará durante toda su vida.

  • A sentir y expresar su propia voluntad. La base para poder decir «no» más adelante.
  • Soportar la frustración. Esto solo se consigue con muchas repeticiones y con adultos que mantengan la calma.
  • Comprender los límites. Esto lo aprende de los adultos que, de forma amable y clara, le recuerdan cuáles son las normas. Para ello no se necesitan castigos.
  • Reconectar tras una tormenta. La reconciliación tras una rabieta es una de las experiencias relacionales más importantes que existen.

Lo que realmente facilita el día a día

La fase de autonomía no se puede acortar. Sin embargo, puede dejar de ir en contra de ella. Lo que más ayuda son las opciones de elección y la previsibilidad. Además, una mirada indulgente hacia uno mismo.

Ofrecer opciones significa: su hijo puede decidir cuando le sea posible. Chaqueta roja o azul. Escaleras o ascensor. No si va a la guardería, sino cómo. Cada pequeña decisión real alivia la presión de las grandes.

En cuanto a la previsibilidad, se trata sobre todo de las transiciones. La mayoría de las crisis se producen a la hora de vestirse y salir por la mañana, o por la noche de camino a la cama. Anuncie estos cambios y mantenga las rutinas constantes. Quien establece rutinas en estos momentos, se ahorra la mitad de las discusiones.

Y la mirada indulgente: en esta fase, levantará la voz y dirá cosas de las que luego se arrepentirá. Eso no le convierte en un mal padre o una mala madre. Acérquese de nuevo a su hijo o hija después. Esa reconciliación tiene más impacto que cualquier reacción impecable, pues los niños no esperan padres perfectos. Necesitan a quienes vuelvan a ellos.

Cuándo conviene prestar más atención

La gran mayoría de las rabietas a esta edad forman parte del desarrollo. Sin embargo, si tras cumplir los cinco años las rabietas tienden a aumentar en lugar de disminuir, merece la pena prestar más atención. Lo mismo se aplica si su hijo se hace daño a sí mismo o a otros con regularidad, o si la rabieta es solo una parte de un panorama que, en su conjunto, le preocupa.

Hay un artículo específico sobre este tema en esta sección: «¿Etapa de rebeldía o algo más?». En él se explica cómo distinguir la diferencia y quién puede ayudarle a interpretarla. En resumen: observar con atención forma parte del cuidado, aunque al principio pueda parecer que se trata de desconfianza hacia su propio hijo.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo comienza la fase de autonomía?

Normalmente entre los 18 meses y los 2 años, cuando el niño empieza a percibirse como una persona independiente. Algunos niños la inician antes, otros más tarde. Ambas situaciones son normales.

¿Cuánto dura la fase de autonomía?

Su punto álgido suele situarse entre los 2 y los 4 años. A partir de entonces, las crisis se vuelven menos frecuentes y más breves, aunque es normal que se produzcan algunas secuelas hasta los seis años. Encontrará un calendario detallado en el artículo «¿Hasta cuándo dura la fase de rebeldía?».

¿Es la fase de autonomía un error de crianza?

No. Se trata de una etapa del desarrollo que se da en casi todos los niños, independientemente del estilo de crianza. La intensidad con la que se manifiesta depende sobre todo del temperamento de su hijo y apenas de su labor como padres.

Lo que ayuda en este momento

No tiene que abordar la fase de autonomía como si fuera un problema. Lo que debe hacer es acompañar a su hijo a lo largo de ella; esta etapa no le exige nada más. Su hijo está luchando sobre todo consigo mismo, aunque a usted le parezca una lucha contra usted. Simplemente necesita que esté presente, tanto en los días buenos como en los malos. Y si en este momento no dispone de fuerzas suficientes para ello, busque ayuda. Para eso también estamos aquí.

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Etiquetas:AutonomiephaseTrotzphaseKleinkind

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