¿Es solo una fase de rebeldía o algo más? Cuándo conviene analizar la situación con detenimiento
La mayoría de las rabietas forman parte del desarrollo normal, aunque a veces hay algo más detrás. Cómo distinguir entre ambas situaciones y quién puede ayudarle a interpretarlas. Una evaluación significa, ante todo, que se toma en serio a su hijo.
Hay una frase que los padres suelen pronunciar solo al cabo de meses, y casi siempre en voz baja: «Algo no va bien». Quizá ya lo haya pensado y se haya avergonzado de ello al instante.
Este artículo está escrito precisamente para ese momento. No pretende asustarle, ya que la gran mayoría de las etapas turbulentas forman parte del desarrollo normal. Le ofrece una guía clara para dar rienda suelta a su intuición.
En resumen
Las rabietas suelen ser parte del desarrollo normal hasta los cinco o seis años. Los padres deben prestar más atención si los arrebatos aumentan después del cuarto cumpleaños, si el niño se hace daño a sí mismo o a otros con frecuencia, si afectan a varios ámbitos de su vida o si se suman otras anomalías. El primer lugar al que debe acudir es la consulta del pediatra.
Lo que apunta a un desarrollo normal
Empecemos por lo tranquilizador, antes de pasar a las señales de alerta. Muchas situaciones que parecen dramáticas son típicas del desarrollo: rabietas diarias a los 2 o 3 años, tirarse al suelo en el supermercado, frases hirientes a los 4. También forman parte de ello las rabietas que solo se producen en casa, mientras que en la guardería se observa a un niño adaptado.
La intensidad por sí sola tampoco dice gran cosa. Los niños con una gran carga emocional viven y muestran todo con mayor intensidad; eso es el temperamento. El panorama general revela más. ¿Vuelve su hijo a usted tras la tormenta? ¿Hay momentos buenos de conexión entre medias? ¿Se desarrolla por lo demás de forma adecuada para su edad, juega, aprende y establece contacto con otros niños? En ese caso, hay muchos indicios de que se trata de una fase de autonomía normal, aunque agotadora.
Cómo saber que conviene prestar más atención
Ningún síntoma por sí solo es una prueba. Debe prestar atención tan pronto como se den varios de estos puntos a lo largo de varios meses.
- La tendencia no es la adecuada: tras cumplir los cuatro años, las rabietas aumentan, duran más tiempo o se vuelven más intensas, en lugar de remitir gradualmente.
- Lesiones: su hijo se lesiona a sí mismo o a otros de forma habitual y deliberada cuando está enfadado, más allá de los golpes impulsivos propios de un niño de dos años.
- Todos los ámbitos de la vida: la guardería o el colegio informan de las mismas dificultades que usted. Si un niño solo tiene rabietas en casa, eso suele indicar un vínculo seguro. En cambio, si las rabietas se producen en todas partes, ello apunta a una verdadera sobrecarga.
- Síntomas acompañantes: a la ira se suman miedos intensos, problemas de sueño persistentes, retrocesos en el lenguaje o en el control de esfínteres, o un gran aislamiento.
- Imposibilidad de establecer contacto: durante los episodios de ira, su hijo permanece inaccesible durante largos periodos de tiempo y, incluso después, apenas consigue restablecer la conexión.
El camino hacia la comprensión, paso a paso
Si su intuición no le da tregua durante meses, aborde la situación de forma ordenada. El primer paso es siempre acudir a la consulta del pediatra. Describa con concreción lo que observa, preferiblemente con ejemplos de las últimas semanas en lugar de preocupaciones generales. El pediatra podrá descartar causas físicas y decidir si conviene realizar más pruebas.
A partir de ahí, dependiendo del cuadro clínico, existen diferentes vías: un centro de pediatría social para un diagnóstico exhaustivo del desarrollo, una consulta de psiquiatría o psicoterapia infantil y juvenil, o, en primer lugar, un centro de asesoramiento educativo, que ofrece sus servicios de forma gratuita y suele disponer de citas rápidas. Encontrará una buena visión general de estas opciones, desde la primera consulta hasta la búsqueda de una plaza terapéutica, en EmotionalEffects, el proyecto de orientación de nuestra organización.
Tenga en cuenta que una evaluación no predetermina el resultado. El resultado más frecuente es la confirmación de que no hay motivo de preocupación, acompañada de consejos concretos. Y en caso de que se detecte algo, como un TDAH incipiente o un trastorno de regulación, dispondrá de claridad desde el principio. Es siempre más fácil intervenir pronto que tarde.
Lo que no implica una evaluación
Muchos padres posponen dar este paso porque les parece una traición: «Si hago que examinen a mi hijo, es que algo no va bien con él». Intente darle la vuelta a ese pensamiento. También llamaría al pediatra si su hijo llevara meses cojeando, sin que esa cojera supusiera un juicio de valor.
Con una evaluación no está calificando a su hijo de «defectuoso». Simplemente se toma en serio lo que lleva meses observando. Y delega la tarea más agotadora que existe: decidir por su cuenta, por las noches, si todo va bien. Esta decisión debe quedar en manos de personas que estén formadas para ello.
Preguntas frecuentes
¿Son las rabietas extremas un síntoma del TDAH?
No necesariamente. La ira intensa forma parte de la fase normal de autonomía. En el TDAH se suman otros rasgos, como la inquietud persistente, la gran facilidad para distraerse y la impulsividad en varios ámbitos de la vida durante meses. Solo un diagnóstico especializado puede determinar si se trata de este trastorno.
¿Quién determina si mi hijo está pasando por algo más que una simple fase de rebeldía?
El proceso comienza en la consulta del pediatra. En función del cuadro clínico, se derivará al niño a un centro sociopediátrico, a un psiquiatra infantil y juvenil o a un psicoterapeuta infantil y juvenil. Los centros de asesoramiento educativo ofrecen ayuda gratuita para la primera evaluación.
¿Puede perjudicar a mi hijo una evaluación?
No. Un diagnóstico del desarrollo consiste en entrevistas, observación y pruebas lúdicas. Para la mayoría de los niños, resulta más interesante que estresante. El resultado más frecuente es un veredicto tranquilizador con recomendaciones concretas.
Lo que le puede ayudar ahora
No debe ignorar su intuición. Tómela en serio como una señal de alerta. En la mayoría de los casos se trata de una falsa alarma, y esa es la mejor noticia que puede ofrecer una evaluación. Si no es así, contará desde el principio con las personas adecuadas a su lado. Ambas opciones son mejores que pasar más meses de preocupación nocturna.
Siga leyendo y profundice
- La fase de rebeldía a los 4 años: qué se considera normal a esta edad.
- Acompañar a los niños con TDAH: en caso de que el diagnóstico apunte en esa dirección.
- El camino hacia la ayuda con EmotionalEffects: paso a paso, desde la preocupación hasta el lugar de referencia adecuado.
- Primera consulta con «Rückenwind» para padres: si ya no desea afrontar todo esto por su cuenta.
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