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Una luz al final del túnel

Redewendung für die Hoffnung am Ende einer langen Krankheitsphase. Bei Essstörungen ist Genesung häufig, verläuft aber selten geradlinig und braucht meist Jahre.

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¿Qué significa «la luz al final del túnel» en el caso de un trastorno alimentario?

«La luz al final del túnel» es una expresión que hace referencia a la esperanza de que una etapa larga y angustiosa llegue a su fin en algún momento. Cuando un niño padece un trastorno alimentario o una depresión, a muchos padres les viene a la mente esta imagen en primer lugar al vivir, tras meses de situación de emergencia, un primer día realmente bueno.

Como imagen de esperanza, esta expresión resulta útil siempre y cuando se mantenga fiel a la realidad. La anorexia rara vez desaparece en una fecha concreta. El «túnel» tiene curvas; a veces hay que retroceder un poco antes de seguir adelante. Quien sea consciente de ello no se desmorona inmediatamente ante un mal día ni espera un punto y aparte que nunca llega con tanta claridad.

La recuperación es frecuente, pero rara vez sigue un curso lineal

Las perspectivas en caso de anorexia son mejores de lo que muchos padres creen en la fase aguda. Los metaanálisis muestran que, diez años después del inicio de la enfermedad y más adelante, alrededor de dos tercios de las personas afectadas se han recuperado, es decir, no presentan síntomas de trastorno alimentario o obtienen un buen resultado en las escalas habituales.

Al mismo tiempo, la recuperación lleva tiempo. Hasta la curación completa transcurren, de media, entre cinco y seis años; rara vez ocurre más rápido. En un estudio de 18 años, la duración media de la enfermedad fue de 3,4 años, y el peso corporal se normalizó en aproximadamente el 45 % de los casos a lo largo de un periodo de seguimiento de unos seis años. Los hábitos alimentarios y la percepción del cuerpo y del peso suelen seguir siendo anómalos durante años, aunque el peso ya se haya normalizado hace tiempo.

Hay que reconocerlo con franqueza: la anorexia es peligrosa. La tasa de mortalidad estandarizada se sitúa en torno a 5,9, lo que la convierte en la más elevada de todas las enfermedades mentales. Los fallecimientos se producen casi siempre en la edad adulta, y casi nunca en niños. Estas cifras son un motivo para un tratamiento precoz, no un motivo para el pánico en la mesa familiar.

Cómo pueden los padres reconocer los primeros avances reales

El progreso rara vez se refleja únicamente en el peso. Los padres suelen percibirlo más bien a través de pequeños cambios en la vida cotidiana:

  • una comida transcurre sin que haya que luchar durante horas, y el niño come algo que llevaba semanas rechazando.
  • Las conversaciones vuelven a girar en torno a las amigas, las series o el colegio, y con menos frecuencia a las calorías y el cuerpo.
  • El niño o la niña se muestra más abierto, se ríe y hace planes para el fin de semana.
  • Tras un mal día, vuelve a llegar uno bueno más rápidamente; los intervalos se acortan.

A menudo, estas señales resultan extrañas, ya que el alivio y la desconfianza coexisten al mismo tiempo. Este sentimiento tiene un nombre: la ambivalencia de la mejoría. Es normal. Acompañar al niño en la recuperación de peso es una de las fases más agotadoras, y los avances en este sentido son reales, aunque el propio niño aún no los perciba como algo positivo.

Mantener la esperanza sin ignorar los reveses

El riesgo de recaída es mayor durante los dos primeros años tras el alta hospitalaria. Aproximadamente una cuarta parte de los afectados vuelve a ser ingresada durante el primer año tras un primer tratamiento hospitalario, y alrededor de un tercio sigue padeciendo, una vez finalizado el tratamiento, problemas como la ansiedad o una percepción negativa del propio cuerpo.

Para los padres, esto significa que una recaída no hace que la recuperación vuelva a cero. Es una etapa conocida en muchos procesos y pone de manifiesto en qué hay que fijarse en el siguiente paso. La esperanza sigue siendo un apoyo cuando se orienta hacia la evolución a lo largo de los meses. La sensación que nos transmite un solo día fluctúa demasiado como para medir la recuperación a partir de ella. No dude en anotar lo que ha cambiado desde la primavera. En un día difícil, esta mirada retrospectiva suele ser más sólida que el propio momento.

Cuándo y dónde pueden los padres solicitar ayuda

Si se sospecha de un trastorno alimentario o de depresión, la evaluación debe quedar en manos de especialistas. El primer punto de contacto es el servicio de psiquiatría infantil y juvenil (KJP) o una consulta de medicina infantil y juvenil. En caso de bajo peso extremo, problemas circulatorios o pensamientos suicidas, cada día cuenta; en esos casos, hay que acudir directamente a un hospital o al servicio de urgencias.

A menudo transcurre tiempo hasta que queda libre una plaza terapéutica. Este periodo puede superarse de forma activa, por ejemplo, mediante horarios fijos para las comidas y un contacto regular con la consulta del médico de cabecera.

Rückenwind «Eltern» le acompaña como servicio de coaching junto a su familia. Janike es trabajadora social y coach parental, y está cursando la formación para convertirse en psicoterapeuta infantil y juvenil; no realiza diagnósticos ni sustituye a la terapia. El diagnóstico y el tratamiento de un trastorno alimentario corren exclusivamente a cargo de un servicio de psiquiatría infantil y juvenil o de un profesional médico o psicoterapeuta especializado.

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