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Comilón (en caso de trastorno alimentario)

Ein Schub ist eine vorübergehende Verschlechterung der Symptome nach einer stabileren Phase. Er gehört zum wellenförmigen Verlauf psychischer Erkrankungen und bedeutet keinen verlorenen Fortschritt.

Índice

¿Qué significa un brote?

«Recidiva» es un término de uso cotidiano, no un diagnóstico. Los padres lo utilizan cuando los síntomas de su hijo vuelven a intensificarse tras una fase más tranquila: la hora de comer vuelve a convertirse en una lucha, el estado de ánimo cambia bruscamente y la ansiedad aumenta. Los especialistas suelen hablar entonces de un empeoramiento, de un nuevo episodio o de una reaparición de los síntomas.

El término es adecuado porque describe ese carácter ondulatorio. Las enfermedades mentales, como los trastornos alimentarios, la depresión y los trastornos de ansiedad, rara vez siguen una evolución lineal. A veces, a semanas de claros avances les siguen días en los que reaparecen los viejos patrones. En el caso de un episodio depresivo, este cambio forma incluso parte del cuadro clínico: muchas evoluciones van y vienen por fases.

Un brote no indica en modo alguno que el tratamiento haya sido inadecuado. Forma parte de la evolución de la enfermedad y suele ser temporal.

¿Recaída, brote o fluctuación normal?

Estas tres palabras tienen significados distintos, aunque los padres suelen mezclarlas en el día a día.

  • Fluctuación normal: un mal día, menos apetito tras una discusión, un estado de ánimo decaído tras una decepción. Todo el mundo experimenta este tipo de altibajos. Por lo general, desaparecen por sí solos.
  • Brote: los síntomas se intensifican notablemente durante varios días, aunque el niño se encontrara más estable últimamente. El patrón de la enfermedad reaparece, a menudo de forma más atenuada.
  • Recaída: los síntomas vuelven a alcanzar la gravedad máxima de la enfermedad, a menudo durante semanas. Encontrará más información al respecto en «La recaída desde la perspectiva de los padres».

Los límites son difusos, y nadie tiene por qué establecer una clasificación precisa en el ámbito doméstico. Lo más importante es la tendencia: si los síntomas se hacen más evidentes a lo largo de varios días, merece la pena consultar a los profesionales sanitarios. A veces, incluso una mejora real puede resultar extraña; sobre esto se trata el artículo «La ambivalencia de la mejoría».

Señales de alerta temprana y factores desencadenantes típicos

La mayoría de los brotes se anuncian con antelación. Los padres conocen a su hijo lo suficientemente bien como para detectar pequeños cambios antes de que se agraven.

  • Aislamiento social, cancelación de citas
  • en los trastornos alimentarios: más normas en torno a la comida, evitación de comidas, pesarse con frecuencia, ir al baño inmediatamente después de comer
  • alteraciones del sueño, dificultad para levantarse por las mañanas
  • mayor irritabilidad, mayor silencio o llantos más frecuentes
  • preocupación creciente por el peso, el rendimiento o el futuro

Los desencadenantes típicos son situaciones estresantes que alteran el equilibrio: épocas de exámenes, conflictos, un cambio de colegio, una enfermedad, un nuevo intento de dieta entre el grupo de amigos o la presión de las redes sociales. En los trastornos alimentarios, el estrés se considera un factor agravante frecuente, ya que comportamientos como el ayuno o los atracones sirven entonces para hacer frente a la ansiedad, la desesperación o la soledad. Estos factores desencadenantes indican a qué se puede prestar atención con mayor antelación la próxima vez. No son prueba de que alguien haya fracasado.

Qué pueden hacer los padres durante un brote

En un momento de crisis, la calma ayuda más que las soluciones rápidas. El niño percibe si los padres entran en pánico.

  • Mantenga la calma y exprese lo que observa sin reproches: «Me he dado cuenta de que estos últimos días han sido más difíciles».
  • Involucre a los profesionales sanitarios: informe a la terapeuta, al servicio de psiquiatría infantil y juvenil o al pediatra, en lugar de esperar. Es mejor llamar pronto que tarde.
  • Utilice el plan de crisis: muchas familias han acordado con el equipo terapéutico medidas para los días difíciles. El artículo «Plan de crisis a nivel familiar» describe cómo es este tipo de plan.
  • Mantenga la rutina: comidas fijas, horas de sueño regulares y una rutina diaria estable. Esto proporciona seguridad.
  • No olvidarse de uno mismo: una recaída también afecta a los padres. Unas breves pausas y tener a alguien con quien hablar ayudan a mantener las propias fuerzas.

Un brote no supone una pérdida de los avances logrados. Las habilidades que el niño ha aprendido durante el tratamiento se mantienen. A menudo, tras una fase difícil, la situación vuelve a mejorar, a veces con un tratamiento adaptado.

¿Cuándo y dónde solicitar ayuda?

Ante ciertos síntomas, los padres no deben esperar. Es necesario acudir al médico en caso de pérdida de peso considerable en poco tiempo, desmayos o taquicardia, vómitos persistentes, así como ante indicios de autolesiones o pensamientos suicidas. En caso de peligro grave, llame al número de emergencias 112 o acuda al hospital más cercano.

Para casos de emergencia en el hogar, resulta útil disponer de un kit de emergencia preparado con números de contacto importantes y acuerdos claros.

Rückenwind «Eltern» acompaña y asesora a las familias en estas etapas, pero no establece diagnósticos ni sustituye al tratamiento. Janike es trabajadora social y asesora parental, y se está formando como psicoterapeuta infantil y juvenil; trabaja sin licencia para ejercer la medicina. Solo un servicio de psiquiatría infantil y juvenil o un profesional médico o psicoterapeuta especializado puede determinar si detrás de un brote se esconde un empeoramiento que requiera tratamiento.

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