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Perder la oportunidad terapéutica (miedo a dejar pasar el momento adecuado)

Die Sorge, den richtigen Zeitpunkt für eine Behandlung zu verpassen. Frühe Hilfe verbessert bei vielen Themen den Verlauf, ein starres Zeitfenster mit Ablaufdatum gibt es bei den meisten kinderpsychischen Themen aber nicht.

Índice

¿Qué se esconde tras el temor a perder la ventana terapéutica?

El término «ventana terapéutica» procede, en realidad, de la medicina y describe un periodo de tiempo en el que un tratamiento resulta especialmente eficaz. En el caso de un ictus, cada minuto cuenta. Al trasladarlo al ámbito de la salud mental infantil, esto genera en muchos padres una preocupación persistente: si no actúo ahora, la oportunidad se perderá para siempre.

Este temor tiene un fondo de verdad. La intervención temprana mejora la evolución posterior de muchos trastornos psíquicos. Sin embargo, ese fondo de verdad suele distorsionarse hasta convertirse en un plazo rígido, más allá del cual, supuestamente, ya es demasiado tarde. En la mayoría de los trastornos psíquicos infantiles no existe tal fecha límite fija. El desarrollo sigue siendo maleable durante años, y la terapia sigue surtiendo efecto incluso cuando han transcurrido semanas o meses.

De dónde proviene la presión

Esta preocupación tiene varios orígenes. Los titulares de la prensa destacan que los trastornos mentales deben tratarse a tiempo para evitar que se conviertan en crónicos. Los portales especializados citan cifras como que alrededor del 20 % de los menores de 18 años presentan alteraciones mentales a lo largo de la infancia. Estas afirmaciones son ciertas, pero dejan sin aclarar cuánto margen de maniobra queda en cada caso concreto.

A ello se suma la brecha real que existe en el sistema. En Alemania, suelen pasar meses entre el primer momento en que surge la sospecha y la disponibilidad de una plaza. Quien sabe que cuanto antes mejor y, al mismo tiempo, se encuentra en una lista de espera, se ve en una encrucijada. La espera para conseguir una plaza terapéutica se convierte entonces en una carga en sí misma, a pesar de que los padres ya hayan tomado medidas hace tiempo.

Qué significa realmente la intervención temprana

La detección precoz consiste en tomar en serio los indicios antes de que limiten gravemente la vida del niño. En el caso de los niños muy pequeños, esto resulta más difícil, ya que el malestar emocional se manifiesta de forma diferente a como lo hace en los adolescentes: a través del sueño, la alimentación, el aislamiento o la ira, en lugar de mediante palabras. Precisamente por ello, las directrices recomiendan prestar atención desde el principio, para evitar que se consolide un patrón.

La intervención temprana se refiere a un periodo de tiempo, no a una fecha concreta. Para los niños en edad preescolar con síntomas depresivos, las directrices actuales recomiendan, por ejemplo, estrategias centradas en los padres, en las que se refuerza la relación entre padres e hijos. El hecho de que dicho tratamiento comience a los cuatro o a los cinco años rara vez determina el éxito o el fracaso. Lo más importante es que se adapte al niño y se lleve a cabo de forma regular. La terapia multimodal combina varios componentes.

Si ya ha pasado tiempo

Muchos padres tardan en darse cuenta de que detrás del comportamiento de su hijo hay algo más. Esto se debe a menudo a que las primeras señales son ambiguas. Los días buenos y malos forman parte del desarrollo, y no todas las fases son un síntoma de enfermedad. En retrospectiva, algunas cosas parecen claras, aunque en su momento no se supieran interpretar.

Un tratamiento iniciado más tarde parte de un punto diferente, pero sigue siendo eficaz. También los escolares y los adolescentes se benefician de la psicoterapia, y muchos cuadros clínicos pueden tratarse con éxito a cualquier edad. Los reproches hacia uno mismo no ayudan al niño y le restan fuerzas que le faltan en el día a día. Quien luche contra los sentimientos de culpa debe tomárselos en serio como un tema propio.

Qué pueden hacer concretamente los padres en estos momentos

Actuar reduce la ansiedad de forma más eficaz que darle vueltas al asunto. Se pueden dar algunos pasos sin necesidad de un diagnóstico:

  • Anote sus observaciones: cuándo se manifiesta el comportamiento, cuánto tiempo dura y en qué situaciones. Esto será de gran ayuda posteriormente para cualquier profesional.
  • Acuda a la consulta del pediatra: es el primer punto de contacto y puede evaluar si conviene derivarle a otro especialista. Aunque lo que el pediatra puede hacer es limitado, sigue siendo un buen punto de partida.
  • Solicite plazas en varios centros a la vez: ponerse en contacto simultáneamente con centros de pediatría social, consultas de formación y consultas privadas suele acortar el tiempo de espera.
  • Aproveche el tiempo de espera: la rutina, dormir lo suficiente y contar con alguien dispuesto a escuchar ya surten efecto antes de que comience la terapia.

Cuándo y dónde puede solicitar ayuda

En caso de crisis agudas con riesgo de autolesión, pérdida de peso considerable o aislamiento total, los padres no deben esperar a una cita, sino dirigirse directamente a un servicio de atención ambulatoria de psiquiatría infantil y juvenil o al servicio médico de urgencias. En casos menos urgentes, hay tiempo para buscar con calma el centro adecuado.

Rückenwind acompaña a los padres en esta fase, ofreciéndoles orientación y ayuda para orientarse. Esto no sustituye a un diagnóstico ni a la psicoterapia. Solo un especialista en psiquiatría infantil y juvenil (KJP) o un profesional médico o psicoterapeuta puede determinar si su hijo padece un trastorno que requiera tratamiento y qué tratamiento es el adecuado.

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