El médico de familia como primer punto de contacto (¿Qué puede hacer el pediatra y qué no?)
Der Kinder- oder Hausarzt ist für die meisten Familien die erste Adresse bei psychischen Auffälligkeiten. Er kann körperliche Ursachen ausschließen, eine erste Einschätzung geben und gezielt weiterüberweisen, stellt aber selbst keine psychiatrische oder psychotherapeutische Diagnose.
Índice
¿Qué función desempeña el pediatra o el médico de familia?
Si un niño parece notablemente triste durante un tiempo prolongado, se aísla, duerme mal o se desmaya en el colegio, la mayoría de los padres acuden en primer lugar al pediatra. En el caso de los adolescentes a partir de los 16 años, suele ser el médico de familia. Esa es la forma correcta de proceder. Este médico suele conocer al niño desde las primeras semanas de vida, ha seguido su desarrollo y puede interpretar los cambios que se producen.
El médico es el primer punto de contacto fijo en el sistema sanitario. Escucha, pregunta por la vida cotidiana, evalúa el estado físico y decide, junto con los padres, si conviene recurrir a un especialista. En caso de miedos persistentes, estado de ánimo deprimido, cambios de comportamiento o problemas en el colegio, puede dar el primer paso para una evaluación más exhaustiva. Además, dispone de una visión general de las vacunas, las enfermedades previas y los medicamentos que pueden contribuir a un trastorno psicológico.
Las revisiones U y la J1
Gran parte de la detección precoz se lleva a cabo a través de las citas de prevención, que muchos conocen como revisiones «U». Desde el nacimiento hasta aproximadamente los seis años de edad, existen las revisiones U1 a U9; a estas se suman las revisiones U10 y U11 en edad escolar, así como la J1 para adolescentes. El seguro médico público cubre once de estas citas: las revisiones U1 a U9 y la J1.
En estas citas, el médico no solo comprueba la estatura, el peso, la audición y la visión. También evalúa el desarrollo emocional y social del niño y pregunta por su comportamiento en casa. De este modo, a veces se detectan anomalías antes de que los propios padres puedan identificarlas. La cita J1, para niños de entre 12 y 14 años aproximadamente, está especialmente adaptada a la pubertad y ofrece un espacio para abordar temas como el estado de ánimo, el estrés y los conflictos. Quien se pierda una cita debería informarse de todos modos, ya que los límites son flexibles.
Lo que el médico puede evaluar
El pediatra o el médico de familia se encarga principalmente de tres cosas. Descarta las causas físicas, ya que detrás del cansancio, los problemas de concentración o la irritabilidad también pueden esconderse problemas de tiroides, falta de hierro, trastornos del sueño o infecciones. Realiza una primera evaluación del grado de afectación del niño y de la urgencia con la que hay que actuar. Además, conoce los procedimientos del sistema, es decir, qué servicio es el competente en cada caso concreto.
De esta evaluación se deriva la derivación. Dependiendo de la situación, esta se dirige a una consulta de psicoterapia infantil y juvenil, a un servicio de psiquiatría infantil y juvenil (KJP) o a un centro sociopediátrico (SPZ) especializado en cuestiones de desarrollo y comportamiento. El médico puede acompañar al niño en este proceso, transmitir los resultados de los exámenes y establecer el contacto con los centros especializados. En caso de que el diagnóstico no esté claro, suele ser la figura de referencia que determina cuál es el siguiente paso más adecuado.
Dónde discurre la frontera
Una breve consulta no es suficiente para establecer un diagnóstico psiquiátrico. Para determinar si se trata de una depresión, un trastorno de ansiedad, un TDAH o un trastorno alimentario, es necesario realizar un diagnóstico exhaustivo que incluya varias entrevistas, cuestionarios estandarizados y, a menudo, un análisis de la situación escolar y familiar. El pediatra o el médico de familia no pueden llevar a cabo un análisis tan profundo en el día a día de su consulta.
El diagnóstico especializado y psicoterapéutico propiamente dicho corresponde a la especialidad de psiquiatría infantil y juvenil y a los psicoterapeutas infantiles y juveniles colegiados. Es allí donde también se toman las decisiones terapéuticas, como por ejemplo si procede un tratamiento y cuál es el más adecuado. El médico de familia no está facultado para diagnosticar trastornos mentales desde un punto de vista psiquiátrico ni para llevar a cabo psicoterapia. Su intervención se limita a la derivación y al seguimiento físico posterior. Para los padres, esto supone un alivio, ya que aclara las responsabilidades. Tras la derivación suele haber un periodo de espera, y para muchas familias, la espera para conseguir una plaza terapéutica es una de las partes más difíciles del proceso.
Cuándo y dónde pueden los padres solicitar ayuda
Acuda al médico con su hijo si los síntomas persisten durante varias semanas, si el niño experimenta un deterioro notable en su vida cotidiana o si, sencillamente, le preocupa. Describa sus observaciones concretas: desde cuándo, con qué frecuencia y en qué situaciones. Esto ayudará al médico a evaluar la situación mucho más que unas afirmaciones generales. La negativa a acudir al colegio o un descenso repentino del rendimiento también son motivos de peso para concertar una cita.
En caso de crisis aguda, como autolesiones o comentarios sobre el suicidio, llame al servicio médico de urgencias al 116117 o, en caso de peligro, al 112. Se ofrece asesoramiento anónimo las 24 horas del día a través de la línea «Nummer gegen Kummer» y del servicio de ayuda telefónica «Telefonseelsorge» en el 116 123.
Rückenwind Acompaña a los padres de forma orientativa a lo largo de estas fases, les ayuda a poner las cosas en perspectiva y les da apoyo. La evaluación y el diagnóstico propiamente dichos de un problema psicológico deben recaer exclusivamente en manos de un servicio de psiquiatría infantil y juvenil o de un profesional médico o psicoterapeuta especializado.
Fuentes y enlaces de interés
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