Amo a mi hijo y, sin embargo, ya no siento nada: qué hay detrás de ello
La insensibilidad emocional como padre o madre rara vez se debe a una falta de amor. En la mayoría de los casos, se debe a un sistema nervioso sobrecargado. Qué puede ayudarle y por dónde puede empezar.
Amo a mi hijo y, sin embargo, ya no siento nada: lo que los padres deben comprender ante todo
Hay un momento que muchos padres conocen y del que casi nadie habla abiertamente. El niño entra en la habitación, quiere un abrazo, le cuenta algo. Y usted se da cuenta de que no siente nada. Ni calidez, ni conexión, solo un vacío silencioso. A ello se suma, quizá, ese pensamiento inquietante: «¿Qué me pasa?».
Este momento no dice nada sobre su valor como madre o padre. Indica que hay algo en su interior que lleva tiempo quedando relegado. Precisamente por eso merece la pena tomárselo en serio, en lugar de ignorarlo.
Muchos padres, en esta situación, piensan en un primer momento que no quieren lo suficiente a su hijo. Eso casi nunca es cierto. De hecho, ocurre algo diferente: el entumecimiento emocional suele ser una reacción de defensa de un sistema nervioso sobrecargado. Quien duerme muy poco durante meses, apenas tiene descansos y asume la responsabilidad casi en solitario, acaba funcionando a medio gas. El cuerpo y la psique simplemente ya no tienen reservas de las que puedan alimentarse las emociones. Esto no tiene nada que ver con la indiferencia.
Los especialistas hablan en estos casos a veces de agotamiento emocional o de síntomas que pueden recordar a un episodio depresivo. Solo un médico, un psicólogo o un psicoterapeuta puede aclarar qué hay exactamente detrás de este estado. Sin embargo, hay algo que puedo decirle ya mismo: no está solo en esto, y no tiene la culpa de encontrarse en esta situación.
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Cómo se manifiesta esto en el día a día familiar
El entumecimiento emocional rara vez se manifiesta de forma dramática en los padres. Y eso es precisamente lo que lo hace tan difícil de percibir. Siguen con su rutina: llevan al niño al colegio, preparan la cena, asisten a las reuniones de padres. Desde fuera, todo parece normal. Por dentro, sin embargo, se siente como si estuvieran detrás de un cristal.
Signos típicos que describen muchos padres que atraviesan esta fase:
- Reaccionan ante el niño, pero sin un contacto interior auténtico. Las palabras salen, pero falta la calidez.
- Las pequeñas cosas que antes les alegraban ya no les conmueven. El chiste del niño se desvanece, el dibujo que ha hecho no es más que una hoja de papel.
- Están físicamente presentes, pero mentalmente en otra parte. A veces, incluso en medio de una conversación.
- Al mismo tiempo, crecen los sentimientos de culpa: «Debería sentir esto. ¿Qué me pasa?».
- El ambiente en casa se vuelve más tenso, porque ya no hay nada que amortigüe. Esto tiene poco que ver con la dureza, sino más bien con la falta de un colchón de seguridad.
El amor no ha desaparecido por ello. Simplemente, durante mucho tiempo ha dado más de lo que ha recibido a cambio. La crianza de los hijos es una de las pocas tareas en las que el agotamiento sigue considerándose un fracaso personal. Eso es precisamente lo que hace tan difícil darse cuenta a tiempo.
El niño también vive esta etapa. Los niños perciben la ausencia emocional, pero no saben cómo interpretarla. A menudo sacan una conclusión con graves consecuencias: que ellos mismos son la causa de ello. No lo son. Sin embargo, sin un mensaje claro por su parte, precisamente ese pensamiento se les queda grabado. Para saber más sobre lo que necesitan los niños en estas fases, lea el artículo «Lo que necesitan los niños cuando los padres se sienten vacíos emocionalmente».
Qué ayuda concretamente en el día a día
No le voy a dar ahora una lista de consejos de bienestar. Un baño no resuelve este problema. Lo que ayuda es más tangible y, a veces, también incómodo.
Nombrar, no ocultar
El primer paso: ponga un nombre a ese estado para usted misma. En lugar de «Soy una mala madre», diga mejor: «Estoy agotada. Mis reservas están agotadas, y se trata de una situación pasajera». Puede parecer una tontería, pero cambia notablemente la forma en que se trata a sí misma.
Si su hijo le pregunta por qué está tan callada o por qué se ríe tan poco, no tiene por qué explicárselo todo. Sin embargo, una respuesta clara y adecuada a su edad evita que el niño se culpe a sí mismo. Basta con una frase breve: «Mamá está un poco cansada de la cabeza ahora mismo. No tiene nada que ver contigo. Te quiero».
Aliviar la carga de todo el sistema familiar
El vacío emocional de uno de los progenitores rara vez es un problema aislado. Surge en un sistema marcado por el reparto de tareas, la relación de pareja o la falta de ella, las dificultades económicas y el aislamiento social. A ello se suman, a menudo, unos hijos que en ese momento necesitan especial atención. Quien solo trabaja en sí mismo y hace caso omiso de este sistema, lucha contra una corriente que no cesa.
En concreto, esto significa: ¿dónde se puede aliviar la presión y qué cosas no tienen por qué ser perfectas? Quizás otra persona pueda asumir una tarea, aunque al principio le cueste dar el paso de preguntarlo. No todo tiene que resolverse hoy mismo. Sin embargo, una mirada objetiva al panorama general aporta más que diez noches de ejercicios de relajación en solitario.
Conexión en pequeñas dosis
La calidez no se puede forzar. No obstante, los pequeños rituales físicos sí son posibles, ya que no exigen un gran esfuerzo emocional: desayunar juntos sin pantallas o, simplemente, sentarse cinco minutos uno al lado del otro en el sofá. Incluso una mano sobre el hombro cuenta. La relación también crece en la tranquila convivencia, sin necesidad de momentos intensos.
Permitirse hacer menos
Muchos padres agotados reaccionan ante su vacío con aún más actividades programadas. Planifican excursiones y fuerzan momentos agradables para compensar la falta de calidez. Eso empeora las cosas. Es más útil hacer lo contrario: rebajar las expectativas siempre que sea posible. «Lo suficientemente bien» es suficiente. Su hijo no necesita una madre que funcione a la perfección, sino una que esté presente. Aunque esa presencia sea más silenciosa algunos días.
No aislarse
La soledad en la crianza de los hijos es más frecuente de lo que se cree, y agrava el entumecimiento emocional. Si en su entorno más cercano falta una persona a la que pueda contarle cómo se siente realmente, se trata de una carencia que merece atención. No tiene por qué soportarlo en silencio. Más información al respecto en el artículo «Solo a pesar de tener familia: la soledad en la crianza de los hijos».
Cuál es el siguiente paso más sensato
Si se reconoce en este artículo, no es casualidad. El hecho de que haya leído hasta aquí dice mucho a su favor. Quiere analizar la situación, y con ello ya ha dado el primer paso.
Lo que le puede ayudar ahora depende de cuánto tiempo lleve durando esta situación y de cuán profunda sea.
Si ese vacío es reciente y está relacionado con una etapa concreta de su vida —por ejemplo, una fase difícil con su hijo, estrés en el trabajo o una crisis en su relación de pareja—, entonces la orientación y el acompañamiento pueden marcar una verdadera diferencia. Para ello están pensadas ofertas como el coaching y el acompañamiento a los padres. Encontrará una visión general de lo que ofrece «Rückenwind» en la sección «Ofertas».
Si el vacío se prolonga, le afecta físicamente o va acompañado de pensamientos angustiosos, le rogamos que acuda a un profesional para que le evalúen. Un médico de cabecera, una psicóloga o un psicoterapeuta infantil y juvenil (en caso de dudas relacionadas con el niño) pueden ayudarle a comprender qué hay detrás de ello. Nadie ha fracasado por ello. Simplemente está cuidando de sí mismo de forma sensata.
Rückenwind Se trata de una oferta de coaching y acompañamiento, no de psicoterapia ni de diagnóstico. Sin embargo, puede ser un buen punto de partida para aclarar sus ideas: ¿qué necesito ahora mismo?, ¿qué necesita mi hijo? y ¿por dónde empiezo?
Como primer paso concreto, puede descargar el libro electrónico gratuito. No se trata de una guía clásica, sino más bien de un análisis objetivo de la situación para padres que desean saber en qué punto se encuentran y qué podría suceder a continuación.
Si se encuentra actualmente en una crisis aguda y ya no ve ninguna salida: el servicio de ayuda telefónica es gratuito y está disponible las 24 horas del día en el número 0800 111 0 111.
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