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De gran fuerza de voluntad

Wenn Eltern ihr Kind mit Magersucht als besonders „willensstark" und diszipliniert erleben, steckt oft die Erkrankung selbst dahinter. Eiserne Kontrolle über Essen und Körper kann ein frühes Warnzeichen sein.

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Lo que los padres entienden por «de carácter fuerte»

Muchos padres describen a su hijo o hija con anorexia como una persona tenaz, decidida e increíblemente disciplinada. Se levanta más temprano por las mañanas para salir a correr, renuncia a los dulces y cumple con planes en los que los adultos ya habrían cedido hace tiempo. Desde fuera, esto parece denotar un carácter fuerte. Los profesores elogian su autocontrol y los familiares se sorprenden de su constancia.

Esta impresión es engañosa. En la anorexia, la voluntad ya casi no se orienta libremente hacia los propios objetivos. Gira en torno a la comida, las calorías y el peso. Lo que parece una decisión libre es, en realidad, una obligación estricta. A menudo, el niño ya no puede actuar de otra manera, aunque hacia el exterior lo presente como una decisión propia.

Por qué la enfermedad se asemeja a la disciplina

La anorexia lleva al extremo ciertos rasgos de la personalidad que pueden estar ya presentes de antemano. Los portales especializados mencionan rasgos de ansiedad y compulsividad, una tendencia al perfeccionismo, una baja autoestima y una fuerte necesidad de armonía. Estos niños suelen ser muy adaptados y ambiciosos. Para ellos, privarse de comer supone una sensación de éxito.

Es precisamente aquí donde se camufla la enfermedad. Las personas afectadas perciben el control sobre su propio cuerpo como algo positivo, como un logro. El ayuno y el deporte se convierten en la prueba de que uno se tiene bajo control. Lo que el entorno interpreta como una disciplina admirable es, en realidad, la parte visible de una compulsión. Algunos jóvenes incluso se sienten al principio más capaces con menos peso, lo que refuerza esa espiral.

Cómo pueden los padres darse cuenta de la diferencia

Una señal de alerta es la rigidez. La verdadera fuerza de voluntad admite excepciones, como una tarta de cumpleaños o un helado espontáneo con amigos. Cuando se inicia un trastorno alimentario, ese margen de maniobra desaparece. Las listas de alerta especializadas describen patrones como:

  • un interés creciente por las calorías y la composición de cada alimento
  • evitar las comidas principales, especialmente en público
  • limitación a unos pocos alimentos «saludables»
  • controles frecuentes del peso e insatisfacción con la figura
  • actividad física intensa y una orientación cada vez mayor hacia el rendimiento
  • Aislamiento social; en el caso de las niñas, ausencia de la menstruación

Los padres deben estar atentos si el niño se aferra a estas normas a pesar de que está perdiendo peso de forma visible o se muestra agotado. A menudo, el propio niño no percibe el problema, un patrón conocido como «negación de la enfermedad».

Cómo deben reaccionar los padres sin recompensar la renuncia

El elogio por el autocontrol tiene un efecto contrario al deseado en el caso de un trastorno alimentario. Cuando los adultos admiran ese control férreo, no hacen más que reforzar precisamente el mecanismo que mantiene al niño enfermo. La información para familiares que ofrecen los portales especializados aconseja no elogiar al niño por haber ganado peso o por haber comido bien, ya que esto puede provocar sentimientos de culpa y una mayor privación.

Resulta más útil fijarse en la persona que hay detrás de ese comportamiento. Los especialistas recomiendan distinguir entre la enfermedad y el propio hijo. Los padres no son los causantes de la anorexia. Son un apoyo fundamental en el camino hacia la recuperación. En concreto, esto significa: no hablar de calorías, peso o figura en la mesa, no hacer comentarios sobre el aspecto físico, sino mostrar un interés genuino por el colegio, las amistades y los sentimientos más allá de la comida.

Cuándo y dónde solicitar ayuda

Cuanto más breve sea el tiempo transcurrido entre el inicio de los síntomas y el tratamiento, mejores serán las perspectivas. Hasta la recuperación completa transcurren, de media, varios años; por eso, cualquier sospecha es importante. El primer punto de contacto es el pediatra, que podrá evaluar el peso del niño y derivarlo a un especialista. En el caso de los niños y adolescentes, la participación de la familia en el tratamiento ha demostrado ser eficaz.

Rückenwind El apoyo a los padres en esta etapa, a modo de orientación, no sustituye en ningún caso a una evaluación médica. Solo un especialista médico o psicoterapeuta puede determinar si detrás de esa rigidez llamativa se esconde un trastorno alimentario, por ejemplo, en un centro de psiquiatría infantil y juvenil (KJP). En caso de bajo peso extremo o de molestias físicas, el niño debe ser examinado por un médico lo antes posible.

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