La supervisión parental (entre el cuidado y el control)
Elterliches Monitoring meint das aufmerksame Beobachten des Kindes: Essen, Stimmung, Symptome. Bei kranken oder gefährdeten Kindern ist das sinnvoll, kann aber in belastende Dauerkontrolle kippen.
Índice
¿Qué significa «supervisión parental»?
Por «supervisión parental» se entiende la observación atenta y el acompañamiento del propio hijo: ¿Cuánto ha comido? ¿Cómo se encuentra hoy? ¿Vuelven a aparecer determinados síntomas? En el caso de los niños que padecen una enfermedad o se encuentran en una situación de riesgo agudo, esta observación resulta útil y, a menudo, necesaria.
La investigación sobre la familia distingue dos formas en las que los padres se informan sobre cómo se encuentra su hijo. Una es la investigación y la vigilancia activas. La otra es que el niño cuente cosas por iniciativa propia. Los estudios demuestran que, precisamente, el hecho de que el niño cuente cosas de forma voluntaria está estrechamente relacionado con un buen desarrollo, más aún que el mero control. Por lo tanto, la confianza y las conversaciones abiertas suelen proporcionar a los padres más seguridad que una observación exhaustiva.
Cuándo la atención se convierte en control
El cuidado y el control están muy próximos entre sí. El cuidado se orienta a las necesidades reales del niño y le deja margen de maniobra. El control, por su parte, responde sobre todo al propio miedo y pretende eliminar cualquier incertidumbre. La transición es fluida, por lo que a menudo pasa desapercibida durante mucho tiempo.
Señales de que la observación se está desviando:
- Comprueba la alimentación, el peso, el sueño o el estado de ánimo con más frecuencia de lo que sería médicamente necesario.
- Sus pensamientos giran en torno al niño incluso durante los momentos de descanso; le cuesta desconectar (un estado de hipervigilancia constante).
- El control solo le tranquiliza momentáneamente; después, la inquietud vuelve a crecer.
- En lo que respecta a la alimentación, cada comida se convierte en un examen: la observación controlada en la mesa determina la vida cotidiana.
Cómo afecta a los padres el control constante
La vigilancia constante requiere mucho esfuerzo. Quien nunca desconecta interiormente vive en un estado de alerta permanente. El cuerpo permanece tenso, el sueño empeora y se pierden de vista las propias necesidades. A lo largo de semanas y meses, esto puede derivar en un profundo agotamiento.
A esto se suma a menudo el miedo a perder el control: la idea de pasar algo por alto si, por una vez, no se presta atención, lleva a una vigilancia cada vez mayor. Esto se asemeja a un exceso de implicación, en el que los padres asumen cada vez más responsabilidades y se conceden cada vez menos descansos. El control promete seguridad, pero, sobre todo, genera nueva tensión.
Cómo afecta esto al niño y a la relación
El niño también percibe esa observación constante. Los niños y los adolescentes necesitan que se confíe en ellos para poder ser autónomos y atreverse a afrontar situaciones difíciles. Si se supervisa cada bocado y cada estado de ánimo, puede producirse el efecto contrario: el niño se siente menos valorado, se retrae o oculta cosas para escapar del control.
Precisamente en el caso de los niños mayores, un exceso de vigilancia puede reducir esa franqueza que, en realidad, les protege. Cuando las conversaciones se perciben como un interrogatorio, los adolescentes se muestran menos comunicativos. En el caso de los trastornos alimentarios, un control estricto puede agravar las luchas de poder en la mesa. De este modo, se ve sometida a presión precisamente aquella relación que debería servir de apoyo al niño.
Cómo lograr un equilibrio más saludable
No se trata de dejar de mirar por completo. Lo importante es orientar la observación hacia las necesidades reales, en lugar de hacia el miedo.
- Aclare con el profesional que le atiende qué es lo que realmente hay que observar y qué no.
- Acuerde horarios fijos en lugar de un control constante, para que también haya momentos de descanso.
- Apueste por el diálogo y la confianza: pregunte abiertamente cómo le va, en lugar de comprobarlo a escondidas.
- Asigne a su hijo tareas adecuadas a su edad que pueda asumir por sí mismo.
- Procure conscientemente tomarse sus propios descansos. El autocuidado no es negligencia, sino que le ayuda a mantenerse en forma.
Estos pequeños pasos alivian la presión del día a día, tanto para usted como para su hijo.
¿Cuándo y dónde solicitar ayuda?
Si la observación domina su día a día, si ya no puede desconectar o si la tensión en la mesa va en aumento, es una señal de que debe buscar ayuda. No se trata de un fracaso, sino de un paso acertado.
Rückenwind Ofrece acompañamiento a los padres mediante coaching y asesoramiento. Janike es trabajadora social y coach para padres, y está cursando la formación para convertirse en psicoterapeuta infantil y juvenil. Ayuda a identificar patrones agobiantes y a encontrar alivio. No obstante, el diagnóstico o el tratamiento de la enfermedad del niño debe recaer exclusivamente en manos de un servicio de psiquiatría infantil y juvenil (KJP) o de un profesional médico o psicoterapeuta especializado. Este determinará qué grado de seguimiento es médicamente adecuado.
Fuentes y enlaces de interés
- Stattin, H., Kerr, M.: «La supervisión parental: una reinterpretación». Child Development 2000;71(4):1072–1085
- Instituto Federal de Salud Pública (BIÖG): Si su hijo tiene una discapacidad o una enfermedad crónica – familienplanung.de
- Instituto Federal de Salud Pública (BIÖG): Cómo puede su hijo superar el miedo – kindergesundheit-info.de
- Instituto Federal de Salud Pública (BIÖG): Los miedos infantiles – kindergesundheit-info.de
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