Trastorno de ansiedad generalizada
Bei der Generalisierten Angststörung (F41.1) sorgen sich Kinder anhaltend und übertrieben über viele Lebensbereiche. Oft zeigt sich das zuerst körperlich, etwa durch Bauchweh, Unruhe und Schlafprobleme.
Índice
¿Qué es un trastorno de ansiedad generalizada?
El trastorno de ansiedad generalizada (abreviatura técnica: TAG, clasificado en la CIE-10 como F41.1) se caracteriza por una preocupación persistente que abarca muchos ámbitos de la vida cotidiana. Un niño con TAG se preocupa constantemente por el colegio, la salud, las amistades, el tiempo que hará el día de la excursión o si sus padres llegarán puntuales a casa. La preocupación salta de un tema a otro y no tiene fin.
Es característico que los temores resulten exagerados y, a menudo, alejados de la realidad. Un bocadillo olvidado se convierte en una catástrofe; una tos, en una enfermedad grave. Los miedos no se deben a un único desencadenante, como ocurre con la fobia a las arañas, sino que acompañan al niño casi a diario, durante semanas y meses.
Según datos del Instituto Robert Koch, los trastornos de ansiedad se encuentran entre los problemas psicológicos más frecuentes en la infancia y la adolescencia. Aproximadamente uno de cada diez niños se ve afectado a lo largo de su vida. El TAG es una de las diversas formas de este trastorno y aparece con mayor frecuencia en la última etapa de la infancia y en la adolescencia, cuando los niños comienzan a pensar en el futuro, en las notas y en la opinión de los demás. Las niñas se ven afectadas con algo más de frecuencia que los niños.
¿Cómo pueden los padres reconocer los síntomas?
Las preocupaciones suelen pasar desapercibidas durante mucho tiempo, ya que a los niños les cuesta expresarlas con palabras. A menudo, lo primero en manifestarse es el cuerpo.
- Dolores de estómago, dolores de cabeza o náuseas, especialmente por las mañanas antes de ir al colegio o de acudir a alguna cita
- Dificultades para conciliar el sueño, sueño inquieto, despertarse temprano
- Tensión muscular, rechinar de dientes, inquietud constante
- Irritabilidad, llanto fácil, problemas para concentrarse
A nivel conductual, suele llamarse la atención una fuerte necesidad de seguridad: el niño pregunta una y otra vez si todo irá bien, si de verdad no va a pasar nada. Algunos evitan situaciones que les provocan miedo y se retraen. Otros parecen adaptados exteriormente y se desenvuelven con normalidad en el día a día escolar, pero llevan consigo la tensión en su interior. Otro indicio es la necesidad de hacerlo todo a la perfección, por miedo a decepcionar o a cometer un error. Si estos indicios persisten durante meses y afectan a la escuela, a las amistades o a la vida familiar, conviene analizarlos con detenimiento.
Diferencias con respecto a la ansiedad normal, la ansiedad escolar y el trastorno de pánico
El miedo forma parte del desarrollo. Los niños pequeños se muestran tímidos con los desconocidos, los de primaria temen a la oscuridad y los adolescentes se angustian ante los exámenes. Estos miedos son propios de cada edad, van y vienen y, por lo general, se pueden calmar. Solo se habla de un trastorno cuando el miedo es intenso, persiste durante meses y limita al niño en su vida cotidiana.
El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) se diferencia de otros trastornos relacionados. En el caso de la ansiedad escolar, la preocupación gira en torno a un lugar concreto o al rendimiento académico. En el trastorno de pánico, se producen ataques de ansiedad repentinos e intensos, acompañados de taquicardia y dificultad para respirar, que parecen surgir de la nada. El trastorno de ansiedad generalizada, por el contrario, es un estado persistente compuesto por numerosas pequeñas preocupaciones sin un foco claro. Los límites son difusos y pueden coexistir varias formas. Precisamente por ello, la clasificación debe correr a cargo de un especialista.
¿Cómo se produce y qué puede ayudar a combatirla?
No existe una única causa. Los expertos consideran que se trata de una combinación de factores: una predisposición hereditaria a la ansiedad, un sistema nervioso sensible, experiencias traumáticas y un entorno en el que las preocupaciones ocupan un lugar destacado. Los padres no tienen la culpa de la enfermedad. A menudo, varios de estos factores se refuerzan mutuamente, sin que se pueda señalar un único desencadenante.
El tratamiento de primera elección es la terapia cognitivo-conductual (TCC). En ella, los niños aprenden a reconocer y contextualizar los pensamientos de ansiedad, y practican, poco a poco, cómo afrontar las situaciones que les causan temor, en lugar de evitarlas. Como complemento, resultan útiles las técnicas de regulación emocional y los ejercicios de atención plena, que ayudan a relajar el cuerpo tenso. En los casos graves, puede añadirse una medicación supervisada por un médico.
En casa, resulta útil un entorno tranquilo: rutinas fijas, tomarse en serio las preocupaciones sin exagerarlas y limitar con tacto las constantes muestras de tranquilidad. Las pequeñas pruebas de valor repetidas fortalecen al niño más que un entorno que elimina cualquier miedo. El propio comportamiento también ayuda: quien, como padre o madre, mantiene la calma y no transmite su propia tensión al niño, le ofrece un modelo a seguir para afrontar las preocupaciones.
¿Cuándo y dónde solicitar ayuda?
Un buen primer paso es acudir a la consulta del pediatra. Este puede descartar causas físicas del dolor de barriga o los problemas de sueño y derivarle a otros especialistas. La evaluación en sí es competencia de psiquiatras infantiles y juveniles, psicoterapeutas infantiles y juveniles, así como de los servicios ambulatorios de psiquiatría infantil y juvenil (KJP).
No espere hasta que el niño deje de ir al colegio por completo. La preocupación persistente, el aislamiento o las molestias físicas que se prolonguen durante varias semanas son motivo suficiente para buscar ayuda. Una conversación con el profesor tutor también puede resultar útil si la ansiedad afecta sobre todo a la vida escolar cotidiana. En muchos lugares, los tiempos de espera para acceder a una plaza terapéutica son largos, por lo que merece la pena solicitarla con antelación.
Rückenwind El servicio «Eltern» le acompaña a través de esta fase mediante asesoramiento, le orienta y le da fuerzas en el día a día. Esto no puede ni debe sustituir a un diagnóstico ni a una terapia. Solo un médico, un psicoterapeuta especializado o un centro de psiquiatría infantil y juvenil puede determinar si un niño padece un trastorno de ansiedad generalizada.
Fuentes y enlaces de interés
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