Una odisea hasta llegar al diagnóstico
Als Odyssee bis zur Diagnose bezeichnen viele Familien den langen Weg über mehrere Anlaufstellen, Wartezeiten und Fehldeutungen, bis feststeht, was ihr Kind hat. Der Beitrag zeigt, warum das bei seelischen Themen häufig passiert und wie Eltern den Prozess ordnen.
Índice
¿Qué significa «una odisea hasta el diagnóstico»?
Este término describe el proceso que atraviesan las familias hasta que se identifica el nombre de la enfermedad mental que padece su hijo. A menudo transcurren meses entre el primer momento en que surge la sospecha y el diagnóstico confirmado. Durante ese tiempo, los padres hablan con el pediatra, con un centro de asesoramiento, con el psicólogo escolar y, en ocasiones, con tres o cuatro profesionales. Cada uno de ellos analiza al niño desde su propia perspectiva. A veces se atribuye a la pubertad, otras al estrés escolar y otras a un bajón pasajero.
Esto se hace especialmente patente en los trastornos alimentarios. La pérdida de peso se atribuye en un primer momento al deporte o a una dieta, y los dolores de estómago, al estómago. Hasta que se reconoce la relación con los hábitos alimentarios, transcurre un tiempo en el que la familia oscila entre la esperanza y la preocupación.
Para la mayoría de las familias, esta odisea consiste en un largo periodo de incertidumbre. Se examina al niño, se le realiza un reconocimiento médico y se le envía de vuelta a casa porque ningún hallazgo por sí solo resulta lo suficientemente llamativo. Solo el patrón que se observa a lo largo de varias semanas permite formarse una idea clara.
Por qué el camino suele ser largo cuando se trata de cuestiones emocionales
Los trastornos mentales rara vez se manifiestan de forma inequívoca. El cansancio, la irritabilidad, el aislamiento y los cambios en los hábitos alimenticios pueden deberse a numerosas causas, incluso de carácter puramente físico. Por ello, los médicos descartan primero otras posibles explicaciones antes de plantearse la posibilidad de un trastorno mental. Estos síntomas inespecíficos son una de las principales razones por las que el diagnóstico se retrasa.
A ello se suman los tiempos de espera. Según una encuesta de la Cámara Federal de Psicoterapeutas de Baviera, la mitad de los niños de diez años espera más de 115 días para comenzar una psicoterapia. Conseguir una cita en una consulta de psiquiatría infantil y juvenil puede llevar un tiempo similar. Quien solicita una segunda opinión, a menudo tiene que empezar la búsqueda desde cero.
Una tercera razón radica en la propia atención sanitaria. Los síntomas infantiles cambian con la edad, y las competencias oscilan entre la consulta del pediatra, la psicoterapia, los servicios de asistencia a la juventud y el hospital. Para los padres, esto supone numerosas llamadas telefónicas, formularios e informes que se van pasando de un organismo a otro. Entre la solicitud, la primera entrevista y la exploración propiamente dicha suelen transcurrir varias semanas.
Cómo organizan los padres el camino
Seguir un orden fijo a la hora de acudir a los distintos servicios ahorra desplazamientos. La primera persona a la que acudir suele ser la pediatra. En las revisiones preventivas también se evalúa el desarrollo emocional y social del niño, y la consulta puede descartar causas físicas y derivar al paciente a otros especialistas. Saber qué puede y qué no puede hacer el pediatra ayuda a orientarse.
Merece la pena prepararse para las consultas con los especialistas:
- Diario de síntomas: anote la fecha, la observación y la duración. Es decir, cuándo y cuánto come el niño, cuándo se aísla y cómo duerme.
- Recopilar documentación: reunir en un mismo lugar las evoluciones de peso, los boletines escolares, las cartas médicas anteriores y las notas del colegio.
- Anote las preguntas: antes de cada cita, escriba tres preguntas concretas para que no se pase nada por alto durante la conversación.
- Utilice el servicio de citas: a través del número 116117 se le debe concertar una cita para la consulta psicoterapéutica en el plazo de una semana.
En el diagnóstico psiquiátrico infantil y juvenil, a continuación se llevan a cabo la anamnesis (historial), la entrevista sobre el cuadro clínico, cuestionarios estandarizados para padres y profesores, así como un examen físico. A menudo también se solicita al centro educativo una valoración. Todos estos elementos conforman el panorama en el que se basa el diagnóstico.
Soportar el esfuerzo durante la búsqueda
El tiempo que transcurre sin un diagnóstico claro resulta agotador. Los padres se ven invadidos por la inseguridad, a veces discuten sobre cuál es el camino correcto a seguir y, al mismo tiempo, siguen haciendo frente a la vida cotidiana. La espera para conseguir una plaza en terapia se hace especialmente larga, ya que el niño sufre de forma visible y aún no está recibiendo ningún tratamiento.
Resulta útil repartir la búsqueda entre varias personas. Una se encarga de las llamadas telefónicas y otra, de la documentación. Los centros de asesoramiento psicosocial y los servicios psiquiátricos sociales ofrecen consultas sin que sea necesario disponer previamente de un diagnóstico. El tiempo que transcurre hasta el inicio de la terapia se hace algo más llevadero con estrategias de transición.
Es importante fijar una fecha límite para recibir una respuesta. Quien insista tras dos semanas sin respuesta tiene menos probabilidades de quedar fuera del proceso. Asimismo, resulta útil inscribirse simultáneamente en varias listas de espera, en lugar de centrarse únicamente en una consulta. Y los padres deben tomarse en serio su propio estado: quien vive en estado de alerta durante meses, acaba agotándose. Una consulta para uno mismo, ya sea en un centro de asesoramiento o con el médico de cabecera, forma parte de este proceso de búsqueda.
Cuándo y dónde puede solicitar ayuda
En caso de pérdida rápida de peso, indicios de autolesiones, pensamientos suicidas o si su hijo apenas come o bebe, no espere a la cita programada. Póngase en contacto con el servicio de psiquiatría infantil y juvenil de un hospital o con el servicio médico de guardia llamando al 116117; en caso de emergencia, llame al 112.
Solo un profesional médico o psicoterapeuta puede establecer un diagnóstico, normalmente a través de un servicio de psiquiatría infantil y juvenil (KJP). Rückenwind «Eltern» le acompaña en este proceso de forma orientativa y le ayuda a ordenar sus observaciones, pero no sustituye al diagnóstico ni a la psicoterapia. Janike es trabajadora social y coach para padres, y está cursando la formación para convertirse en psicoterapeuta infantil y juvenil; no realiza diagnósticos.
Fuentes y enlaces de interés
- Diagnóstico en psiquiatría infantil y juvenil
- Colegio Federal de Psicoterapeutas: largos tiempos de espera para acceder a la psicoterapia en las zonas rurales de Baviera
- gesundheitsinformation.de (IQWiG): Problemas de salud mental: ¿dónde se puede obtener ayuda?
- Pediatras en la red: revisiones médicas preventivas para niños y adolescentes
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