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Salud mental

Psychische Gesundheit beschreibt seelisches Wohlbefinden: Ein Kind kommt mit Belastungen zurecht, gestaltet Beziehungen und entwickelt sich altersgemäß. Dieser Beitrag erklärt Schutzfaktoren, was Familien im Alltag stärkt und wann fachliche Hilfe nötig wird.

Índice

Qué significa la salud mental en los niños

La salud mental describe un estado de bienestar psíquico en el que un niño puede afrontar las dificultades de la vida cotidiana, desarrollar sus capacidades, aprender y entablar relaciones. Así lo define la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para los niños y los jóvenes, esto significa concretamente que se sienten bien la mayor parte del tiempo, saben afrontar la frustración y las decepciones, tienen amistades y avanzan en su desarrollo de acuerdo con su edad.

El bienestar psicológico depende de un equilibrio. Por un lado, están las tensiones y los retos; por otro, los recursos con los que el niño los afronta. Mientras ambos aspectos estén más o menos equilibrados, el niño se mantiene estable, aunque de vez en cuando se sienta triste, enfadado o asustado. Los altibajos emocionales forman parte del desarrollo normal. Un niño en edad preescolar que llora tras una discusión, o un adolescente que está de mal humor durante una semana, no muestran con ello ningún síntoma de enfermedad. Lo que parece propio de cada edad va cambiando con el paso de los años: en el caso de los niños pequeños, lo más importante es el vínculo con los padres; en el de los adolescentes, a ello se suman la independencia, los propios círculos de amigos y la búsqueda de la identidad.

Factores de protección y resiliencia

Los expertos denominan «resiliencia» a la capacidad de hacer frente a las dificultades. No es innata. El niño la adquiere a partir de las experiencias que vive con sus figuras de referencia y su entorno. El Instituto Federal de Salud Pública, responsable de la página web kindergesundheit-info.de, describe varias fortalezas internas que los niños desarrollan en este proceso:

  • Autoestima: el niño se siente querido y aceptado con sus fortalezas y debilidades.
  • Autoeficacia: experimenta que sus propias acciones tienen un efecto. Más información al respecto en el artículo «Expectativa de autoeficacia».
  • Confianza en sí mismo: los elogios y el ánimo hacen que crezca la confianza en las propias capacidades.
  • Perseverancia: aprende a perseguir sus objetivos con paciencia, incluso tras sufrir contratiempos.
  • Empatía: con el tiempo, llega a comprender los sentimientos y los puntos de vista de los demás.

La protección más importante proviene de unos padres sensibles que prestan atención a las necesidades de su hijo y responden a ellas de forma adecuada. Las relaciones sólidas dentro y fuera de la familia, una buena atención, la escuela y las actividades de ocio refuerzan aún más la resiliencia. El artículo «Activación de recursos» muestra cómo los padres pueden aprovechar de forma específica los puntos fuertes existentes.

Lo que fortalece a las familias en el día a día

En el día a día familiar, hay algunos aspectos concretos que favorecen el desarrollo emocional. Se considera fundamental el vínculo emocional con al menos una figura de referencia fiable. A través de esta relación, los niños pequeños aprenden a ordenar sus sentimientos. En el proceso de tranquilización conjunta, la «corregulación», el progenitor asume inicialmente aquello que el niño aún no puede hacer por sí mismo. De ahí surge más adelante la propia regulación emocional.

La estructura proporciona apoyo. Las normas, las rutinas fijas y los rituales aportan seguridad y orientación al niño, ya que sabe qué va a suceder a continuación. Dormir lo suficiente, hacer ejercicio y pasar tiempo lejos de las pantallas influyen en el estado de ánimo y la concentración. El tiempo frente a las pantallas debe tener límites claros y contar con supervisión, especialmente en el caso de los niños más pequeños. En el día a día, el aprecio, el cariño, la atención y la fiabilidad cuentan más que las medidas de apoyo puntuales. El propio ejemplo también influye: los niños observan cómo sus padres afrontan el estrés, las discusiones y las decepciones, e incorporan parte de ello a su propio comportamiento.

Cuándo las fluctuaciones se convierten en un problema

La tristeza, la ira, los miedos y el aislamiento forman parte, en ocasiones, de cualquier infancia. Se requiere tratamiento cuando los síntomas persisten durante semanas, son muy intensos y limitan notablemente al niño en su vida cotidiana, por ejemplo, en el colegio, en las relaciones con sus amigos o en el ámbito familiar. Asimismo, un cambio repentino en el comportamiento, las autolesiones o las declaraciones de hastío de la vida son señales de alerta que requieren una evaluación especializada sin demora.

El estudio BELLA del Instituto Robert Koch pone de manifiesto la frecuencia con la que se producen los trastornos psicológicos. Según este, alrededor del 21,9 % de los jóvenes de entre 7 y 17 años presenta indicios de trastornos psíquicos, siendo los más frecuentes los miedos (10,0 %), los trastornos del comportamiento social (7,6 %) y los síntomas depresivos (5,4 %). Al mismo tiempo, el estudio señala que, ni mucho menos, todos los niños afectados reciben tratamiento. Un ambiente familiar tenso y una situación social desfavorable se encuentran entre los factores que aumentan el riesgo. El artículo «Problemas psíquicos» aborda en detalle qué puede haber detrás de tales alteraciones y cómo se manifiestan.

Dónde pueden encontrar apoyo las familias

El primer punto de contacto suele ser la consulta del pediatra. Este descarta las causas físicas y deriva al paciente a otros especialistas. Los centros de asesoramiento educativo y familiar gratuitos ofrecen a las familias un primer asesoramiento de fácil acceso, incluso sin diagnóstico. La psiquiatría infantil y juvenil (KJP) es la encargada de determinar si una anomalía forma parte del desarrollo normal o si debe tratarse. Solo un profesional especializado puede establecer un diagnóstico mediante una entrevista personal y un examen exhaustivo. La información de Internet no puede sustituir a ello.

Rückenwind «Eltern» se entiende como un servicio de orientación y acompañamiento para las familias. Janike es trabajadora social y orientadora parental en formación como psicoterapeuta infantil y juvenil; no está colegiada y no realiza diagnósticos. Si se sospecha la presencia de un trastorno que requiera tratamiento, se debe acudir a un especialista en psiquiatría infantil y juvenil o a un médico psicoterapeuta.

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