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Aislamiento social

Soziale Isolation ist ein messbarer Mangel an sozialen Kontakten. Bei Eltern kranker Kinder entsteht sie oft schleichend und belastet über die Zeit Körper und Psyche.

Índice

Qué significa el aislamiento social

El aislamiento social describe una falta cuantificable de contactos sociales. Los expertos se fijan en aspectos cuantificables: la frecuencia con la que una persona se reúne con familiares, amigos o compañeros de trabajo, el tamaño de su red de contactos personales y el volumen de interacción que tiene en su vida cotidiana. La atención se centra en lo externo, en el número y la frecuencia de los encuentros.

La soledad significa algo distinto: la angustiosa sensación de que faltan relaciones significativas. Este sentimiento no se puede percibir desde fuera. Ambos estados se dan de forma independiente. Un progenitor puede estar rodeado de mucha gente y, aun así, sentirse solo. Y quien tenga pocos contactos no tiene por qué sufrir por ello. Para los padres, esta distinción resulta práctica: se puede modificar el número de contactos, aunque la sensación persista. Para la salud, ambos estados son relevantes si se prolongan durante meses.

Por qué se produce en los niños enfermos

Cuando un niño padece un trastorno mental, toda la rutina diaria da un giro. Las citas con médicos, clínicas y centros de asesoramiento llenan la semana. Las tardes se dedican a conversaciones, situaciones de crisis y tareas de organización. Los padres rechazan invitaciones porque carecen de fuerzas o porque el niño no puede quedarse solo.

A esto se suma la vergüenza. Hablar de un trastorno alimentario o de una depresión en un niño resulta más difícil que hablar de una fractura de pierna. Muchos amigos reaccionan sintiéndose impotentes, dan consejos sin que se les pida o se alejan. Algunos padres rompen ellos mismos el contacto, porque las conversaciones triviales sobre vacaciones y notas escolares les resultan ajenas en su situación. Con el tiempo, el círculo de amigos se va reduciendo. El alejamiento de los padres del círculo de amigos suele producirse de forma gradual, sin que se tome una decisión consciente. Esto afecta especialmente a las familias monoparentales y a aquellas en las que uno de los progenitores asume la mayor parte del cuidado. Quien ya tiene cada minuto libre planificado para citas y cuidados, apenas dispone de tiempo para cultivar las amistades.

Cómo pueden darse cuenta los padres de ello en sí mismos

Hay algunos indicios que se repiten una y otra vez en los padres que se sienten agobiados:

  • El móvil suena con menos frecuencia y uno mismo ya casi nunca descuelga.
  • Se posponen las citas hasta que ya nadie pregunta.
  • Pasa un día entero en el que la única conversación prolongada ha sido con el hijo enfermo o con los profesionales sanitarios.
  • Las aficiones, el deporte y el propio círculo de amigos han desaparecido de la agenda.
  • Los pensamientos dan vueltas en la cabeza porque no hay nadie con quien compartirlos.

Estas señales se van acumulando poco a poco. A menudo transcurren meses entre la primera cita cancelada y una vida casi sin contactos propios. Precisamente por eso resulta difícil identificar el momento en el que una fase estresante se ha convertido en un aislamiento permanente.

Cómo afecta el aislamiento social a la salud

La falta de contacto social supone un estrés constante para el organismo. El nivel de estrés se mantiene elevado, la presión arterial aumenta y el sistema inmunitario funciona peor. Los portales especializados y las autoridades sanitarias consideran que el aislamiento prolongado y la soledad constituyen un factor de riesgo grave. Se describe un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, una mayor susceptibilidad a las infecciones y trastornos del sueño. Algunos estudios señalan una cicatrización más lenta de las heridas en personas que sufren un aislamiento extremo.

La salud mental también se ve afectada. Quienes mantienen un contacto social escaso durante un periodo prolongado son más propensos a desarrollar síntomas depresivos y ansiedad. En el caso de los padres, esto se suma a una situación que ya de por sí es agotadora. Cuando el agotamiento aumenta y nadie les ayuda a aliviar la carga, estos estados se refuerzan mutuamente. Ahí radica el verdadero peligro para los padres que ya se encuentran al límite.

Formas de salir del aislamiento

El primer paso es pequeño. Basta con retomar el contacto con alguien: un mensaje breve, una llamada a una persona que en su día le hizo bien. Quien amplía su ámbito de acción poco a poco, no se sobrecarga. Muchos padres y madres cuentan que el simple hecho de dar un paseo habitual con una persona de confianza les ayuda a ordenar sus pensamientos y a afrontar la semana.

Resulta de gran ayuda contar con personas que se encuentran en una situación similar. En los grupos de autoayuda y en los círculos de padres de niños con problemas de salud mental, nadie tiene que explicar la situación. Los centros de asesoramiento, como los de orientación educativa o los servicios sociales de los centros hospitalarios, facilitan el contacto con estos grupos y se encargan de su organización. El autocuidado consiste, en este contexto, en reservar pequeños intervalos de tiempo fijos para las relaciones personales, que se anotan en la agenda como si se tratara de una cita médica. Asimismo, una conversación con la pareja sobre quién asume qué carga permite recuperar espacio para las relaciones fuera del ámbito familiar.

Cuándo los padres solicitan ayuda

Si se da cuenta de que lleva semanas sin ver prácticamente a nadie, se está aislando y su estado de ánimo empeora de forma persistente, es motivo para tomar medidas. Los médicos de cabecera, los centros de asesoramiento psicosocial y servicios como la línea de ayuda telefónica son los primeros puntos de contacto para los adultos. El coaching y el acompañamiento para padres, tal y como los ofrece Rückenwind, ayudan a reorganizar la vida cotidiana y las relaciones sociales.

En cuanto al propio niño enfermo, hay que tener en cuenta lo siguiente: el diagnóstico y el tratamiento deben recaer exclusivamente en manos de un servicio de psiquiatría infantil y juvenil o de un profesional médico o psicoterapeuta. El coaching no sustituye a esta evaluación, sino que le acompaña en el camino hacia ella.

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