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Agotado

"Ausgebrannt" ist das Alltagswort für Burnout: ein Zustand emotionaler Erschöpfung, innerer Distanz und nachlassender Leistung nach langer Dauerbelastung.

Índice

¿Qué significa «estar agotado»?

«Agotado» es la expresión coloquial que se utiliza para describir un estado que los expertos denominan «burnout». Quien se siente agotado se encuentra vacío física, psíquica y emocionalmente. La batería ya no da más de sí, y ya no es posible recargarla durante un fin de semana o unas vacaciones.

El término fue acuñado por el psicoterapeuta estadounidense Herbert Freudenberger en la década de 1970, inicialmente para referirse a personas que ejercen profesiones asistenciales y que se desgastan al dedicarse a los demás. Hoy en día, esta sensación afecta tanto a los padres como al personal sanitario, especialmente cuando un niño requiere mucha atención y cuidados durante meses.

El agotamiento no figura como enfermedad independiente en el catálogo internacional de diagnósticos. En la CIE-10 aparece bajo el código Z73 como un factor que influye en la salud, es decir, como una situación de estrés. No obstante, el término describe con precisión cómo se siente una sobrecarga prolongada.

Cómo pueden los padres detectar el agotamiento

Los expertos clasifican los síntomas en tres categorías:

  • Agotamiento emocional: la sensación de estar agotado y vacío. El mero hecho de pensar en el día siguiente le resta fuerzas. A ello se suman a menudo trastornos del sueño, dolores de cabeza, de espalda o de estómago.
  • Distancia interior y cinismo: uno de los progenitores se retrae interiormente, reacciona con irritabilidad o apatía y se vuelve indiferente ante cosas que antes le resultaban importantes. Los expertos también denominan a este fenómeno «despersonalización».
  • Disminución del rendimiento: la concentración y la memoria empeoran, las tareas sencillas se acumulan y crece la sensación de no poder con nada.

Cuando estos tres aspectos se dan conjuntamente y el descanso ya no basta para aliviarlos, los expertos hablan de un cuadro clínico de agotamiento. Algunos padres lo describen sencillamente como «estar al límite».

Se considera que la característica central es el agotamiento emocional. La distancia interior y la disminución del rendimiento suelen aparecer más tarde. Una señal de alerta es cuando un fin de semana libre apenas recarga las pilas y el cansancio vuelve a aparecer el lunes.

Por qué se produce en caso de esfuerzo prolongado

La causa subyacente del agotamiento es el estrés crónico. Cuando el estrés es breve, el cuerpo se activa y, a continuación, vuelve a relajarse. Si la tensión se prolonga durante semanas o meses, el cuerpo permanece en estado de alerta. La hormona del estrés, el cortisol, se mantiene elevada de forma permanente, y al organismo le cuesta mucho recuperar la calma.

Si faltan las fases de recuperación, primero se manifiestan las consecuencias físicas: tensiones musculares, problemas de sueño y mayor propensión a las infecciones. Si la sobrecarga persiste, aumenta el riesgo de que derive en un síndrome de agotamiento o en una enfermedad física o mental.

En el caso de los padres, la sobrecarga crónica no suele provenir del trabajo, sino de la vida familiar cotidiana: levantarse por la noche, citas con médicos y terapeutas, la preocupación por un hijo enfermo o con dificultades, además de su propio trabajo remunerado. Muchas exigencias a la vez, pocos descansos, escaso reconocimiento. Es precisamente esta combinación la que acaba por desgastar.

A ello se suman, con frecuencia, expectativas contradictorias: estar ahí para el niño enfermo, no descuidar a los hermanos, rendir en el trabajo y mantener la relación de pareja. Quien quiera satisfacer a todos y, al hacerlo, supere sus propios límites, va agotando poco a poco sus reservas de energía. Nadie tiene la culpa de ello. El agotamiento es la respuesta del cuerpo a una carga que ha sido demasiado intensa durante demasiado tiempo.

¿Agotamiento o depresión?

El agotamiento y la depresión están relacionados y se solapan, pero no son lo mismo. Esto tiene consecuencias a la hora de determinar cuál es la ayuda más adecuada.

En el caso del agotamiento, los síntomas suelen girar en torno a una carga concreta, a menudo la situación que provoca el agotamiento. Si esta situación mejora, la sensación puede remitir. La depresión, por el contrario, se extiende como un velo gris sobre todos los ámbitos de la vida: estado de ánimo abatido, falta de motivación, pérdida de interés y alegría, y a menudo también sentimientos de culpa, de inutilidad o pensamientos de no querer seguir viviendo.

Además, la sensación de agotamiento profesional puede ser un precursor o una consecuencia de la depresión. Desde fuera, resulta difícil determinar dónde termina una y comienza la otra. Esta distinción debe dejarse en manos de los profesionales, ya que la depresión requiere un tratamiento específico.

Primeros pasos y cuándo solicitar ayuda

Hay algunas cosas que ayudan desde el principio:

  • Tomarse en serio las señales de alerta, en lugar de ignorarlas. El agotamiento persistente es un indicio, no un tema secundario.
  • Incorporar momentos fijos de descanso a la rutina diaria, por pequeños que sean: un paseo, una llamada a una amiga, media hora sin tareas.
  • Compartir las cargas. ¿Quién se encarga de qué? ¿Qué tareas puede asumir otra persona, los abuelos o un centro de asesoramiento?

Si los pequeños pasos no bastan, si los síntomas persisten durante semanas o si a ellos se suman un estado de ánimo deprimido y pensamientos negativos, es motivo para buscar ayuda médica. El primer punto de contacto es la consulta del médico de cabecera, quien le realizará un examen físico, descartará otras causas del agotamiento y le derivará a un especialista en psicoterapia o psiquiatría. Su propia aseguradora médica también le indicará centros de asesoramiento cercanos.

Como coach para padres, Janike le acompaña en el proceso de ordenar las cargas y encontrar alivio. El diagnóstico o el tratamiento del agotamiento o la depresión deben recaer exclusivamente en manos de un especialista médico o psicoterapeuta; en el caso de los niños, en un servicio de psiquiatría infantil y juvenil.

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