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Episodio depresivo

Eine depressive Episode ist ein Zeitraum von mindestens zwei Wochen mit gedrückter Stimmung, Antriebs- und Interessenverlust. Bei Kindern und Jugendlichen zeigt sie sich oft anders als bei Erwachsenen, etwa durch Reizbarkeit, Rückzug oder körperliche Beschwerden.

Índice

¿Qué significa «episodio depresivo»?

El término «episodio depresivo» procede del ámbito del diagnóstico médico. En la clasificación internacional de enfermedades CIE-10, se le asigna el código F32. Se refiere a un período continuado de al menos dos semanas en el que se producen cambios en tres ámbitos: el estado de ánimo es deprimido, la motivación disminuye y se pierde el interés por cosas que antes eran importantes.

En el caso de los niños y adolescentes, el cuadro suele diferir de la imagen clásica de una persona triste y llorosa. Los niños pequeños parecen asustados, se aferran a los demás o tienen fuertes arrebatos de ira. Los escolares se retraen, pierden el interés por jugar y dudan de sí mismos. Los adolescentes refieren un abatimiento persistente, alteraciones del sueño y, en ocasiones, la sensación de que ya nada tiene sentido.

Una sola semana de bajón tras una discusión o una decepción no constituye aún un episodio depresivo. Lo decisivo es la duración y si la vida cotidiana se ve notablemente afectada.

¿Cómo pueden los padres reconocer un episodio depresivo?

Muchos indicios parecen, en un primer momento, etapas propias del proceso de maduración. Precisamente eso es lo que dificulta su detección. La situación se vuelve evidente cuando se dan varias señales a la vez y persisten durante semanas:

  • Tristeza persistente o estado de ánimo muy tenso e irritable
  • Aislamiento social del niño respecto a sus amigos, aficiones y familia
  • Problemas para dormir o, por el contrario, una necesidad extrema de dormir
  • Cambios en el apetito, fluctuaciones de peso, quejas de dolor de estómago o de cabeza
  • Descenso del rendimiento y aumento de la ansiedad ante el rendimiento escolar
  • Comentarios que denotan desesperanza, desvalorización personal o pensamientos sobre la muerte

Este último punto es una de las señales de alerta más importantes. El suicidio es una de las causas de muerte más frecuentes en la infancia y la adolescencia, y gran parte de los casos está relacionado con trastornos depresivos. Si un niño da a entender que ya no quiere seguir viviendo, hay que tomárselo en serio y acudir a un médico para que lo evalúe.

Leve, moderado o grave

Los médicos clasifican los episodios depresivos según su gravedad. La clasificación se basa en la CIE-10 y depende del número de síntomas presentes y del grado de limitación en la vida cotidiana.

  • Episodio leve (F32.0): el niño sufre, pero, aunque le suponga un esfuerzo, puede hacer frente en gran medida a su vida cotidiana.
  • Episodio de gravedad moderada (F32.1): el colegio, las relaciones de amistad y la vida familiar se ven claramente afectados.
  • Episodio grave (F32.2 y F32.3): la vida cotidiana se ve prácticamente colapsada. En la forma más grave, pueden aparecer además trastornos de la percepción.

Aproximadamente cinco de cada cien niños y adolescentes presentan síntomas que indican una depresión. La buena noticia que nos aporta la investigación es que una gran parte de ellos se recupera en el plazo de uno a dos años. Al mismo tiempo, aproximadamente la mitad sufre un nuevo episodio en el transcurso de unos años, por lo que sigue siendo importante un seguimiento minucioso.

¿Qué puede ayudar?

El tratamiento depende del grado de gravedad. En los episodios leves y moderados, la psicoterapia es la opción prioritaria. La terapia cognitivo-conductual y la psicoterapia interpersonal cuentan con una sólida base científica. Se ha demostrado que ambas pueden aliviar los síntomas depresivos en niños y adolescentes. En la terapia conductual, el niño aprende a reconocer los patrones de pensamiento negativos arraigados y a reincorporarse poco a poco a la vida cotidiana.

Los fármacos se recetan sobre todo en episodios graves, normalmente como complemento de la psicoterapia y bajo supervisión médica especializada. En los jóvenes, los antidepresivos suelen tener un efecto más débil que en los adultos y conllevan posibles efectos secundarios, por lo que su uso debe sopesarse cuidadosamente.

Como padres, pueden hacer mucho sin necesidad de ser terapeutas: ofrecer una estructura diaria fiable, fomentar la actividad física en común, escuchar sin juzgar de inmediato y estar al tanto de las citas. Los sentimientos de culpa no son un buen consejero en este contexto. La depresión surge de una combinación de predisposición genética, procesos biológicos y experiencias traumáticas, como el acoso escolar o una separación, y no de errores en la crianza.

¿Cuándo y dónde solicitar ayuda?

Si los síntomas persisten durante más de dos semanas, es recomendable realizar una evaluación especializada. El primer punto de contacto puede ser el pediatra, quien, si es necesario, derivará al niño a un servicio de psiquiatría infantil y juvenil o a una consulta de psicoterapia.

En caso de peligro inminente, por ejemplo, si su hijo habla de suicidio, no espere. Puede acudir las 24 horas del día a la clínica de psiquiatría infantil y juvenil más cercana, así como al número de emergencias 112. También puede acceder de forma gratuita y anónima a la línea de atención a niños y jóvenes de «Nummer gegen Kummer» en el 116 111 (de lunes a sábado, de 14:00 a 20:00 horas) y a la línea de atención a padres en el 0800 111 0550. Encontrará más información al respecto en el artículo «Línea de ayuda en situaciones de crisis: ¿A quién llamo y cuándo?».

En ocasiones, detrás de los síntomas se esconde algo más, como un trastorno por estrés postraumático. Solo un profesional puede realizar este tipo de distinciones. «Rückenwind» (Padres) le acompaña a usted, como padre o madre, ofreciéndole orientación y apoyo durante este periodo. No realizamos diagnósticos ni sustituimos ningún tratamiento. El diagnóstico y el tratamiento de un episodio depresivo deben recaer exclusivamente en manos de un servicio de psiquiatría infantil y juvenil (KJP) o de un profesional médico o psicoterapeuta.

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