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Regulación de las emociones

Emotionsregulation ist die Fähigkeit, Gefühle wahrzunehmen, zu benennen und ihre Stärke und Dauer zu steuern. Kinder lernen sie über Jahre, am Anfang mit Hilfe der Eltern.

Índice

Qué significa la regulación de las emociones

La regulación emocional es la capacidad de percibir y nombrar los propios sentimientos, así como de influir en su intensidad y duración. Un niño que se enfada y se calma al poco tiempo está regulando precisamente su emoción. Se hace referencia a todos los sentimientos, tanto los agradables como los desagradables. También forma parte de ello la alegría desbordante que un niño ya no puede contener.

Los expertos distinguen dos formas de actuar. En la primera, el niño interviene pronto, incluso antes de que el sentimiento cobre fuerza: desvía la atención, busca cercanía o reevalúa la situación («La torre se ha caído, pues la volveré a construir»). En la segunda vía, interviene más tarde y refrena la expresión de la emoción, como por ejemplo las lágrimas. La vía temprana se considera más eficaz, ya que actúa desde el momento en que surge la emoción. La mera represión, por el contrario, consume energía y no disipa el sentimiento en su interior. La regulación significa gestionar la alegría, el miedo, la ira y la decepción de tal manera que el niño conserve su capacidad de actuar y pueda volver al juego o a la conversación.

Cómo lo aprenden los niños paso a paso

Hasta la edad escolar, los niños desarrollan cuatro habilidades básicas: reconocen sus propios sentimientos, los expresan mediante gestos y el lenguaje, los regulan cada vez más por sí mismos y comprenden lo que sienten los demás. Un niño de dos años se desata casi sin control cuando se siente frustrado. Un niño de seis años, en cambio, a menudo ya es capaz de esperar, distraerse o pedir ayuda.

Las estrategias típicas que los niños van aprendiendo poco a poco son la distracción, la tranquilización, la reinterpretación de una situación y el cambio de su propio comportamiento. Al principio, los padres asumen la mayor parte de esta labor. La tranquilización conjunta se denomina «corregulación»: el niño se impregna de la calma del adulto hasta que él mismo dispone de suficiente. Un bebé al que se coge en brazos y deja de llorar experimenta precisamente eso. Lo mismo ocurre con un niño en edad preescolar al que su madre le ofrece palabras tranquilizadoras durante una discusión sobre cómo compartir. Con el tiempo, a partir de miles de momentos como estos, surge la capacidad de autorregularse. El camino no es recto. Los niños cansados, hambrientos o enfermos retroceden temporalmente a una etapa anterior, lo cual es normal en el marco del desarrollo.

Por qué resulta más difícil controlar la regulación en el TDAH y en situaciones de estrés

En el TDAH, determinados circuitos reguladores del cerebro funcionan de manera diferente. Intervienen el lóbulo frontal y el estriado, regiones que integran la motivación, las emociones, el pensamiento y el movimiento. En estas regiones, los neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina no se encuentran en su equilibrio habitual. La consecuencia es una alteración del autocontrol. Los niños con TDAH pierden el control con mayor frecuencia, incluso ante cuestiones insignificantes, reaccionan de forma rápida y violenta y tardan más en recuperarse. El control de los impulsos forma parte de ello.

Incluso sin TDAH, la regulación se ve afectada por el estrés. La falta de sueño, las discusiones, la sobrecarga sensorial y la ansiedad merman las reservas de un niño. La investigación sobre el apego lo demuestra físicamente: en los niños pequeños con un apego seguro, la frecuencia cardíaca se normaliza rápidamente tras una breve separación, tan pronto como regresa la madre. Los niños con un vínculo inseguro necesitan mucho más tiempo para ello. Si hay una persona de confianza presente, la liberación de la hormona del estrés, el cortisol, es menor y la presión arterial aumenta en menor medida. Por lo tanto, un cerebro sobreestimulado dispone de menos capacidad para intervenir y frenar la reacción. Por eso, muchos niños son más propensos a tener un berrinche a última hora de la tarde, tras una jornada completa en la guardería o en entornos ruidosos y ajetreados.

Lo que los padres pueden hacer en el día a día

Los padres son la herramienta más importante para la autorregulación, mientras el niño aún está desarrollando la suya propia. Algunos consejos prácticos:

  • En primer lugar, mantenga la calma usted mismo. Un niño que se encuentra en medio de una tormenta emocional se tranquilizará más fácilmente si tiene delante a alguien tranquilo.
  • Poner nombre a los sentimientos: «Estás enfadado porque se ha roto la torre». Esto le da al niño las palabras para expresar lo que le está pasando por dentro.
  • Durante las fases de rebeldía, mantenga una actitud predecible y establezca límites sin caer en luchas de poder.
  • Una vez pasada la tormenta, ofrecer consuelo antes de valorar el comportamiento.
  • Establecer rutinas fijas. Las rutinas a la hora de comer, dormir y hacer los deberes reducen el número de puntos de fricción.

Los niños con TDAH suelen necesitar este acompañamiento durante más tiempo y con mayor frecuencia que sus compañeros de la misma edad. Esto resulta agotador y no dice nada sobre la educación que se les ha dado.

Cuándo debería recurrir a ayuda especializada

Algunos niños tardan años en superar los estados emocionales intensos. Los arrebatos de ira prolongados y frecuentes, junto con las dificultades en la guardería o el colegio y un gran sufrimiento en la vida cotidiana, son señales de alerta que justifican una evaluación especializada. Los problemas persistentes para controlar las emociones están relacionados con numerosas dificultades psicológicas en la infancia y la adolescencia. Un indicio es la comparación con otros niños de su misma edad: si su hijo se desvía claramente de la norma en cuanto a la duración y la intensidad de sus arrebatos, merece la pena hablar con el pediatra como primer punto de contacto.

Rückenwind Le acompaña a usted, como padre o madre, de forma orientativa a lo largo de estas fases. Janike es trabajadora social y coach para padres, y está cursando la formación para convertirse en psicoterapeuta infantil y juvenil. No realiza diagnósticos. Solo un servicio de psiquiatría infantil y juvenil o un especialista médico o psicoterapéutico puede determinar si detrás de esas tormentas emocionales se esconde un TDAH u otra causa.

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