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Los trastornos alimentarios y la pubertad (relación desde el punto de vista de los padres)

Essstörungen beginnen oft in der Pubertät, wenn Körper, Autonomie und Identität in Bewegung geraten. Dieser Beitrag hilft Eltern, normale Essphasen von echten Warnzeichen zu unterscheiden.

Índice

¿Por qué precisamente en la pubertad?

La mayoría de los trastornos alimentarios se manifiestan por primera vez entre los 12 y los 17 años. En este periodo se dan muchos factores a la vez. El cuerpo se transforma en pocos meses, el peso aumenta, la figura cambia y la propia imagen en el espejo resulta extraña. Al mismo tiempo, los adolescentes se distancian de sus padres y buscan una postura propia respecto a la apariencia, el rendimiento y la pertenencia.

La alimentación es uno de los pocos ámbitos sobre los que un adolescente tiene control casi exclusivo. Quien se siente con poca influencia en su vida cotidiana puede generar una sensación de control a través de las raciones, las calorías o el deporte. En el caso de la anorexia, este patrón resulta especialmente evidente. Según estudios realizados entre adolescentes alemanes, aproximadamente una de cada cinco personas de entre 11 y 17 años presenta indicios de un trastorno alimentario; en el caso de las chicas de entre 14 y 17 años, la cifra asciende incluso a una de cada tres.

Qué tienen que ver la autonomía y la identidad con todo esto

La pubertad es la etapa en la que los adolescentes descubren quiénes quieren ser. El cuerpo se convierte en el escenario de ese proceso. Un abdomen plano o una musculatura visible se convierten entonces en símbolo de disciplina, éxito o autoestima. Si algo sale mal en el colegio, en las relaciones de amistad o en la familia, el cuerpo pasa a primer plano como un ámbito que, aparentemente, se puede moldear.

A esto se suma la comparación. En los chats de clase, en los campos de deporte y en las redes sociales, los jóvenes ven constantemente cuerpos retocados y escuchan comentarios sobre la figura. El artículo sobre los trastornos alimentarios y las redes sociales describe hasta qué punto incide esta presión. El hecho de que un adolescente pierda peso o cambie sus hábitos alimenticios no significa, por sí solo, que padezca una enfermedad. Se convierte en una señal de alarma cuando los pensamientos sobre la comida, el peso y la figura dominan su vida cotidiana.

Distinguir entre los hábitos alimenticios normales y las señales de alerta reales

Muchos jóvenes experimentan con la alimentación. Se hacen vegetarianos, se saltan una comida, comen lo mismo durante días o tienen mucha hambre después de hacer deporte. Estas fases forman parte del proceso de crecimiento y suelen desaparecer por sí solas.

La situación cambia cuando se suman normas estrictas y el miedo. Preste atención a:

  • rituales rígidos a la hora de comer, como pesar los alimentos, triturarlos o comer solo a determinadas horas
  • el aislamiento durante las comidas en familia, excusas como «ya he comido» o comer a solas en la habitación
  • preocupación constante por las calorías, el peso y la figura, pesarse con frecuencia o mirarse al espejo para controlarse
  • comer a escondidas grandes cantidades de comida, seguido de visitas al baño o ejercicio físico excesivo
  • pérdida rápida de peso, ausencia de menstruación, sensación constante de frío o agotamiento

Un solo síntoma no constituye prueba suficiente. Si los indicios se acumulan a lo largo de varias semanas y su hijo o hija también experimenta cambios en el estado de ánimo y la motivación, debería prestar más atención.

Cuándo y cómo deben intervenir los padres

No espere a que el peso alcance niveles peligrosamente bajos. Un trastorno alimentario que se detecte y trate a tiempo tiene mejores perspectivas de recuperación. Busque un momento tranquilo en el que no haya platos sobre la mesa. Describa lo que ha observado concretamente, sin reproches: «Me he dado cuenta de que, desde hace unas semanas, te saltas la cena y sales a correr mucho».

Prepárese para encontrar resistencia. Muchas personas afectadas no perciben su comportamiento como un problema durante mucho tiempo y restan importancia a las preocupaciones. A pesar de ello, mantenga la calma y no ceda. Mantenga las comidas en común como un marco fijo, sin convertir la mesa en un campo de batalla diario. Busque asesoramiento cuanto antes, aunque su hijo se muestre reacio al principio. Para buscar ayuda, no es necesario contar con un diagnóstico definitivo.

Dónde pueden los padres obtener información y ayuda

El primer punto de contacto es la consulta de pediatría. Allí se pueden evaluar el peso, el crecimiento y las consecuencias físicas, así como tramitar las derivaciones. El portal sobre trastornos alimentarios del BIÖG ofrece asesoramiento gratuito y anónimo, tanto por teléfono como en línea, dirigido expresamente también a padres y familiares.

En el caso de los adolescentes con anorexia, la terapia familiar se considera un enfoque con resultados bien documentados. En ella se involucra activamente a los padres, quienes asumen de nuevo, de forma temporal, la responsabilidad de las comidas. El tratamiento más adecuado depende de la edad, el tipo y la gravedad del trastorno.

Rückenwind Le acompaña a usted, como padre o madre, durante este periodo, pero no sustituye a un tratamiento terapéutico. Un diagnóstico confirmado y el tratamiento médico de un trastorno alimentario deben recaer exclusivamente en manos de un servicio de psiquiatría infantil y juvenil o de un profesional médico o psicoterapeuta especializado.

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