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No respeta las normas

Ein Elternsatz für Kinder, die Abmachungen und Grenzen immer wieder überschreiten. Oft steckt kein Trotz dahinter, sondern eine Schwäche in Impulskontrolle und Selbststeuerung, wie sie bei ADHS häufig vorkommt.

Índice

Lo que los padres quieren decir cuando dicen «No respeta las normas»

«Simplemente no respeta las normas». Los padres dicen esta frase cuando un niño conoce las normas, es incluso capaz de repetirlas, y, aun así, las incumple. Tras el tercer aviso, sigue teniendo el mando a distancia en la mano. Los zapatos vuelven a estar tirados en medio del pasillo. Durante la cena, el niño se levanta de un salto, a pesar de que todos deben permanecer sentados a la mesa.

Esta frase describe un comportamiento, no un diagnóstico. Algunos niños ponen a prueba los límites de forma consciente; eso forma parte de su desarrollo. En otros casos, las infracciones de las normas se acumulan a lo largo de meses, tanto en casa como en la guardería y en el colegio, y, a pesar de las indicaciones claras, apenas cambia nada. Es precisamente este patrón el que lleva a los padres al límite, porque las explicaciones y las advertencias habituales no surten efecto.

Por qué a algunos niños les cuesta cumplir las normas

Seguir las normas parece sencillo, pero exige mucho al cerebro. El niño debe recordar la norma, frenar un impulso de actuar y sopesar el atractivo del momento frente a una recompensa posterior. De este control se encargan las denominadas funciones ejecutivas, es decir, el autocontrol, la memoria de trabajo y la planificación. En los niños con TDAH, precisamente estas funciones funcionan de forma menos fiable.

A esto se suma el control de los impulsos. Un niño impulsivo actúa antes incluso de que le llegue el pensamiento «No debo hacerlo». Interrumpe las conversaciones, coge cosas sin permiso, echa a correr. Los portales especializados describen precisamente esto como el núcleo de la impulsividad en el TDAH: reacciones espontáneas, a menudo arriesgadas, sin pensar en las consecuencias.

Un tercer aspecto es el simple olvido. Lo que se había acordado se pierde ante el siguiente estímulo. Para los que observan desde fuera, esto parece una falta de atención, aunque en realidad la norma no se pudo recordar en el momento decisivo.

Distinguir entre «no puedo» y «no quiero»

Para los padres, conviene plantearse si un niño se está negando a cumplir una norma en ese momento o si simplemente no consigue cumplirla en ese instante. Ambas situaciones parecen iguales desde fuera, pero requieren una reacción diferente.

Hay algunos indicios que ayudan a distinguir entre ambas situaciones:

  • El niño conoce la norma, pero le cuesta cumplirla especialmente cuando está nervioso, cansado o distraído.
  • Después, se enfada consigo mismo por el desliz y no sabe explicar por qué ha vuelto a ocurrir.
  • Las infracciones de las normas se producen en muchas situaciones, no solo al realizar una tarea concreta que no le gusta.
  • Los castigos y las reprimendas apenas modifican este patrón, ni siquiera al cabo de semanas.

Si se dan varios de estos puntos, esto apunta más bien a una dificultad en el autocontrol que a una actitud deliberada. En ese caso, los castigos no surten el efecto deseado, ya que presuponen una capacidad que aún no se ha consolidado. Esta interpretación no sustituye a una evaluación especializada, sino que solo ayuda a interpretar la vida cotidiana desde otra perspectiva.

Elaborar normas de tal forma que se cumplan

Las normas son más eficaces cuando se adaptan a la capacidad de autocontrol del niño. Los pediatras y los centros especializados en TDAH recomiendan una serie de principios similares:

  • Pocas normas. Entre tres y cinco normas claras, que se apliquen de forma coherente, son más eficaces que veinte que nadie respeta.
  • Formúlelas de manera concreta. «Jugamos en el salón» es más tangible que «pórtese bien». El niño debe saber a qué comportamiento se refiere.
  • Reaccione de inmediato. Los niños con TDAH apenas responden a las consecuencias que se producen horas más tarde. Los elogios o las medidas disciplinarias deben aplicarse de forma inmediata.
  • Elogie el comportamiento deseado. Si establece una norma para el niño, elógielo con la misma claridad cuando la cumpla. Los sistemas de puntos han demostrado su eficacia.
  • Repita sin reproches. Un recordatorio tranquilo es más eficaz que un largo sermón sobre la decepción.

Los programas estructurados, como la formación para padres, enseñan precisamente estas técnicas y proporcionan a los padres una línea de actuación que todas las personas de referencia pueden seguir.

Cuándo y dónde pueden los padres solicitar ayuda

Es recomendable consultar a un especialista si las infracciones de las normas se prolongan durante meses, se producen en varios ámbitos de la vida y el niño sufre como consecuencia de ello, por ejemplo, debido a discusiones constantes, problemas en el colegio o exclusión. El primer punto de contacto es el pediatra, quien puede derivarle a un servicio de psiquiatría infantil y juvenil.

El coaching y el acompañamiento a los padres, tal y como los ofrece Rückenwind, pueden reforzar su capacidad para afrontar el día a día y proporcionarles herramientas concretas. No obstante, solo un profesional médico o psicoterapeuta, o bien un servicio de psiquiatría infantil y juvenil, puede determinar si detrás de ese comportamiento se esconde un TDAH o cualquier otra causa. El diagnóstico debe recaer en manos de estos profesionales y, cuanto antes se inicie un acompañamiento adecuado, más aliviadas se sentirán las familias en su día a día.

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