Poner a prueba los límites
Grenzen testen heißt, dass ein Kind prüft, ob eine Regel wirklich gilt und ob die Eltern bei ihrer Ansage bleiben. Das gehört zur normalen Entwicklung und hilft dem Kind, Sicherheit und Orientierung zu finden.
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¿Qué significa «poner a prueba los límites»?
Un niño hace exactamente lo que se le acaba de prohibir y, mientras lo hace, mira a sus padres. Vuelve a tirar la cuchara al suelo, se sube de nuevo a la mesa y dice «no» en voz alta. Los expertos denominan a este comportamiento «poner a prueba los límites».
El niño comprueba si una norma se aplica realmente. Si hoy se aplica igual que ayer. Y si mamá y papá se mantienen firmes en lo que han dicho. A menudo, esto va acompañado de lloriqueos y protestas en voz alta. Este comportamiento rara vez va dirigido contra los padres como personas. Lo que se pone a prueba es la propia norma.
Por qué los niños ponen a prueba los límites
Detrás de esta fase de exploración se esconde una voluntad propia cada vez mayor. A partir de los dos años aproximadamente, el niño se da cuenta de que es un ser independiente con sus propias intenciones. Quiere actuar por sí mismo, tomar sus propias decisiones y sentir su propia fuerza. En este proceso, se topa constantemente con límites, tanto los suyos propios como los de sus padres.
Los límites claros proporcionan al niño seguridad y orientación en un mundo que le parece grande y confuso. Cuanto más preciso sea el niño a la hora de identificar dónde se encuentra un límite, con mayor tranquilidad se moverá dentro de él. Un niño necesita un «sí» claro y un «no» amable pero firme. Poner a prueba los límites es la forma en que descubre dónde se trazan esas líneas.
Cuándo se presenta con mayor frecuencia
Esta fase de experimentación se manifiesta con mayor intensidad durante la etapa de autonomía, conocida coloquialmente como «etapa de la rebeldía», aproximadamente entre los dos y los cuatro años de edad. En este periodo, el niño se debate entre el deseo de imponerse y su propia impotencia. Aún no sabe gestionar bien esas emociones intensas. A medida que se desarrolla el lenguaje, los arrebatos suelen remitir.
En el caso de los niños con TDAH, esta fase de «poner a prueba los límites» suele prolongarse más y ser más intensa. Una de las razones radica en el control de los impulsos, que se desarrolla más lentamente. Un impulso se traduce inmediatamente en una acción, antes de que la norma llegue a la mente. El hecho de que a un niño le resulte difícil cumplir las normas está relacionado, por tanto, con la maduración del cerebro.
Establecer límites sin entrar en una lucha de poder
Los límites son eficaces cuando son pocos, claros y siempre iguales. La coherencia significa que a un mismo comportamiento le sigue la misma reacción, tanto hoy como mañana. Esto proporciona seguridad. La psicóloga del desarrollo Diana Baumrind descubrió en su investigación que los niños adquieren una mayor seguridad en sí mismos y autonomía cuando los padres combinan límites claros con un cariño palpable.
- Establezca pocas normas y manténgalas con serenidad.
- Anuncie los cambios, por ejemplo: «En cinco minutos recogemos».
- Ofrecer pequeñas decisiones, como elegir entre la taza roja o la azul, para que el niño sienta autonomía.
- En caso de un berrinche intenso, prestarle poca atención, siempre que no haya peligro, y hablar después sobre lo que ha sentido.
- Rechace el comportamiento y demuestre al niño que el cariño sigue ahí.
Un niño puede enfadarse sin perder el amor de sus padres. Esta seguridad le ayuda a gestionar la frustración. En el caso del TDAH, una formación estructurada para padres les ayuda a establecer límites de forma predecible.
Cuándo los padres buscan consejo
Las pruebas forman parte del desarrollo normal. Merece la pena buscar asesoramiento cuando los conflictos marcan la vida cotidiana de la familia durante meses, cuando un niño se hace daño a sí mismo o a otros, cuando, incluso a los seis o siete años, apenas es capaz de aceptar las normas, o cuando los padres se sienten constantemente agotados e impotentes.
La consulta del pediatra ofrece una primera valoración. Puede derivarle a un centro de asesoramiento educativo o a un centro especializado. El coaching y el acompañamiento a los padres, como el que se ofrece en Rückenwind, refuerzan la vida cotidiana y proporcionan soluciones concretas para situaciones difíciles. Un diagnóstico aclara si detrás de ese comportamiento se esconde un TDAH o cualquier otra causa. Dicha evaluación debe ser realizada exclusivamente por un especialista en psiquiatría infantil y juvenil, un médico o un psicoterapeuta.
Fuentes y enlaces de interés
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Etapa de lloriqueo
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