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Trastorno de pánico

Eine Panikstörung (ICD-10 F41.0) bedeutet wiederkehrende, plötzliche Panikattacken mit starken körperlichen Symptomen. Bei Kindern und Jugendlichen kommt oft die Angst vor der nächsten Attacke hinzu.

Índice

¿Qué es un trastorno de pánico?

El trastorno de pánico (clasificado en la CIE-10 con el código F41.0) se caracteriza por ataques de pánico recurrentes que parecen surgir de la nada. Un ataque de pánico es un episodio repentino de angustia intensa acompañado de síntomas físicos: taquicardia, dificultad para respirar, mareos, opresión en el pecho y sudoración profusa. El punto álgido suele alcanzarse al cabo de unos minutos, y el ataque completo suele durar entre 10 y 20 minutos.

Los niños y adolescentes suelen percibir este tipo de crisis como una amenaza para su vida. Algunos piensan que están sufriendo un infarto de miocardio o que se están asfixiando. Los ataques de pánico son más frecuentes en la adolescencia, aunque también se dan en niños más pequeños. Los especialistas solo hablan de un trastorno de pánico cuando estos ataques se repiten y el niño sufre a causa de ellos o su vida cotidiana se ve alterada. Los trastornos de ansiedad se encuentran entre los problemas psicológicos más frecuentes en la infancia y la adolescencia. Según los datos del estudio BELLA del Instituto Robert Koch, aproximadamente uno de cada diez niños en Alemania se ve afectado de forma intermitente por un trastorno de ansiedad agudo.

Cómo pueden los padres reconocer un trastorno de pánico

El episodio concreto suele ser claramente perceptible para los padres. El niño palidece, se queja de palpitaciones, tiembla, respira de forma rápida y superficial y, a menudo, quiere marcharse inmediatamente o volver a casa. Después, se queda agotado.

Para la valoración del cuadro, resulta más importante lo que ocurre entre los ataques. Suele observarse dos patrones:

  • Ansiedad anticipatoria: el miedo a que se produzca el siguiente ataque. El niño se preocupa durante días por la posibilidad de que vuelva a ocurrir y observa con inquietud su propio cuerpo.
  • Comportamiento evitativo: se evitan los lugares o situaciones en los que ya se ha producido un ataque anteriormente. Puede tratarse del autobús escolar lleno, el aula o las grandes aglomeraciones. A veces, el niño apenas se atreve a salir de casa solo.

Cuando se acercan los horarios de ida y vuelta al colegio, las citas o el momento de ir al colegio, a menudo se debe a esta evitación. En algunos niños se suma además el miedo al colegio.

¿Trastorno de pánico o trastorno de ansiedad generalizada?

Ambos se clasifican como trastornos de ansiedad, pero la familia los percibe de forma diferente. En el trastorno de pánico, lo más destacado es el ataque repentino, breve e intenso, con síntomas físicos claros. Entre un ataque y otro, el niño puede parecer, en ocasiones, despreocupado, hasta que vuelve a aparecer la ansiedad anticipatoria.

En el trastorno de ansiedad generalizada, por el contrario, existen preocupaciones persistentes y difíciles de controlar que abarcan muchos ámbitos de la vida: el colegio, la salud, la familia, el futuro. La ansiedad es más duradera y está menos ligada a un momento concreto. Algunos niños presentan rasgos de ambos trastornos. Es un especialista quien determina qué diagnóstico es el adecuado, no la visión desde fuera.

Qué ayuda en caso de un ataque de pánico agudo

Durante el ataque, no se puede disipar el miedo con palabras. Este remite por sí solo, normalmente en cuestión de minutos. El papel de los padres es servir de punto de apoyo y tranquilidad.

  • Mantenga la calma y quédese a su lado. Su voz puede ser suave y pausada. Frases breves: «Estoy aquí. Esto pasará».
  • Acompañe la respiración. Respiren juntos más despacio, exhalando más tiempo que inhalando. No insista, solo ofrézcalo.
  • Ponga nombre a lo que está ocurriendo: «Esto es un ataque de pánico. Es desagradable, pero no es peligroso».

No resulta tan útil sacar al niño inmediatamente de cualquier situación o agobiarlo con muchas preguntas. Quien evita de forma permanente todas las situaciones desencadenantes confirma al miedo que tenía razón, y la evitación se intensifica. Enfoques como la atención plena y los ejercicios de regulación emocional ayudan a algunos niños, entre un ataque y otro, a afrontar los primeros síntomas.

Tratamiento: prácticas recomendadas

Los trastornos de pánico se tratan bien, y cuanto antes se inicie el tratamiento, mejores serán las perspectivas. La terapia cognitivo-conductual (TCC) se considera el tratamiento de primera elección. Actúa en varios frentes:

  • Psicoeducación: el niño y los padres comprenden cómo se produce un ataque de pánico en el cuerpo y por qué no supone ningún peligro.
  • Trabajo con los pensamientos: el niño aprende a reconocer y a analizar los pensamientos catastróficos («Me voy a morir»).
  • Técnicas de exposición: junto con la terapeuta, el niño se va enfrentando gradualmente a las situaciones que evita. Al principio, la ansiedad aumenta, pero el niño comprueba que luego remite por sí sola.

Se involucra a los padres en este proceso. En una formación para padres se aborda cómo identificar en qué casos un comportamiento bienintencionado refuerza inadvertidamente la ansiedad y cómo acompañar los avances. Los medicamentos como los ISRS (determinados antidepresivos) solo se plantean en el caso de niños y adolescentes cuando las medidas de terapia conductual no resultan suficientes, y en ese caso se utilizan como complemento de la terapia.

Cuándo y dónde pueden los padres solicitar ayuda

Un buen primer paso es acudir a la consulta del pediatra. Allí se podrá descartar físicamente que las palpitaciones y la dificultad para respirar se deban a otra causa, y la consulta podrá derivarle a un especialista. Busque ayuda si los episodios se repiten, si el niño evita cada vez más ciertas situaciones o si se aísla.

Janike Es trabajadora social y asesora parental, y se está formando como psicoterapeuta infantil y juvenil. No cuenta con la autorización para ejercer. Rückenwind le acompaña a usted, como padre o madre, durante este periodo, pero no establece diagnósticos ni sustituye a ninguna terapia. Solo un servicio de psiquiatría infantil y juvenil (KJP) o un profesional médico o psicoterapeuta especializado puede determinar si existe un trastorno de pánico y qué tratamiento es el adecuado.

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