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Con necesidad de cercanía

Nähebedürftig oder klammernd heißt: ein Kind sucht auffällig oft die körperliche und emotionale Nähe der Eltern und reagiert empfindlich auf Trennung. Meist steckt ein normales Bindungsbedürfnis dahinter, manchmal auch erhöhte Anspannung oder Angst.

Índice

¿Qué significa «necesitar cercanía» o «ser dependiente»?

Un niño que necesita cercanía quiere que lo lleven mucho en brazos, que lo abracen y estar cerca de sus padres. Sigue a mamá o a papá de una habitación a otra, quiere sentarse en el regazo, busca contacto visual y protesta cuando uno de los padres sale de la habitación. El «apego» describe el aspecto físico de este comportamiento: el niño se aferra a la pierna, no suelta la mano y llora al despedirse en la puerta de la guardería.

Detrás de ello se esconde una necesidad básica. Los niños necesitan relaciones fiables para sentirse seguros y, a partir de ahí, explorar el mundo. Llorar, llamar y aferrarse son comportamientos innatos con los que un niño se asegura la cercanía de sus figuras de referencia, especialmente en momentos desconocidos o estresantes. Buscar cercanía es, por lo tanto, ante todo una señal saludable, no un problema de educación.

¿Comportamiento normal de apego o señal de alerta?

Existe una interacción entre el comportamiento de apego y la exploración. Cuando un niño se siente seguro, se independiza, juega solo y prueba cosas nuevas. Si aumenta la inseguridad, crece la necesidad de cercanía y la curiosidad pasa a un segundo plano. Las fases de mayor dependencia forman parte de este proceso, por ejemplo, durante la fase de miedo a los extraños, que suele aparecer entre los seis y los ocho meses, al empezar la guardería o el colegio, tras una mudanza, una enfermedad o el nacimiento de un hermano.

Los padres deben prestar especial atención a estas señales:

  • El niño apenas se separa de sus padres, incluso en un entorno familiar y tranquilo, y no se tranquiliza tras la despedida.
  • Antes de las separaciones, aparecen molestias físicas, como dolor de barriga, náuseas o dolor de cabeza, que desaparecen en cuanto la persona de referencia se queda.
  • El niño tiene mucho miedo de que les pueda pasar algo a sus padres, le cuesta mucho conciliar el sueño solo o tiene pesadillas.
  • La dependencia emocional aumenta a lo largo de las semanas, en lugar de remitir a medida que el niño se va acostumbrando, y limita su asistencia a la guardería, al colegio o el desarrollo de amistades.

¿Por qué un niño se muestra especialmente dependiente?

El grado de seguridad que un niño siente en el vínculo depende en gran medida de sus experiencias de apego. Cuanto más a menudo experimente que puede confiar en la cercanía y el cuidado, más segura será la relación. En algunos niños, la necesidad de cercanía es más marcada desde el principio; esto forma parte de su temperamento.

El estrés aumenta aún más esa necesidad. Los niños a los que les cuesta procesar muchos estímulos o que se sobreexcitan con facilidad buscan la cercanía como refugio. Quienes luchan contra la tensión a lo largo del día suelen necesitar por la noche un contacto físico especialmente intenso. Asimismo, la hipersensibilidad a los estímulos y un alto nivel de activación, como ocurre en los niños con TDAH, pueden estar detrás de un fuerte apego. Si un niño se siente inquieto interiormente, la figura de referencia se convierte en un ancla que le proporciona seguridad. Por el contrario, un vínculo muy estrecho y, al mismo tiempo, inseguro puede hacer que las separaciones provoquen pánico.

Ofrecer apoyo y fomentar la autonomía

La cercanía y la autonomía no son incompatibles. Un niño al que se le permite sentirse seguro en el seno familiar se va soltando con mayor facilidad con el tiempo. Reaccionar con sensibilidad ante las señales del niño, ofrecerle cercanía cuando la necesita y, al mismo tiempo, animarle a explorar de forma adecuada a su edad, es precisamente lo que fomenta esa seguridad.

  • Haga que las despedidas sean breves, claras y fiables. Un ritual fijo ayuda más que una larga vacilación en la puerta.
  • No se marche a escondidas. Despedirse y volver le demuestra al niño que la separación es segura.
  • Acompañe al niño en sus pequeños pasos hacia la autonomía, por ejemplo, dejándole jugar solo unos minutos y luego ampliando poco a poco ese tiempo.
  • Poner nombre a los sentimientos y regularlos conjuntamente. En momentos de tensión aguda, el niño necesita primero tranquilidad a través de la regulación conjunta, antes de que las palabras surtan efecto.
  • Tómese en serio su propio agotamiento. Si la cercanía constante le está pasando factura, le ayudará analizar su propio agotamiento y buscar formas de aliviar la carga en el día a día.

Cuándo y dónde solicitar ayuda

Siempre que esa dependencia se enmarque en una fase de transición y vaya remitiendo con paciencia, por lo general no se requiere ninguna ayuda especial. Si los síntomas persisten durante semanas, si aumenta el miedo a la separación o si el niño evita la guardería y el colegio, conviene realizar una evaluación. La negativa persistente a acudir al colegio, acompañada de miedo a la separación, es una señal clara de que hay que seguir atentos.

El primer punto de contacto es la consulta del pediatra; además, los servicios de intervención temprana, los centros de asesoramiento educativo y los servicios de psicología escolar también ofrecen apoyo. «Rückenwind» acompaña a los padres en estas fases con un enfoque de coaching, les orienta y refuerza la vida cotidiana de la familia. El diagnóstico y el tratamiento de un trastorno de ansiedad por separación deben recaer exclusivamente en manos de un servicio de psiquiatría infantil y juvenil o de un profesional médico o psicoterapeuta especializado.

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