Etapa de lloriqueo
Eine Quengelphase ist ein zeitlich begrenzter Abschnitt, in dem ein Kind ohne klaren Anlass weinerlich, unzufrieden und anhänglich ist. Solche Phasen treten oft rund um Entwicklungssprünge auf und gehen meist von allein wieder vorbei.
Índice
¿Qué es una fase de lloriqueo?
El término «lloriqueo» se refiere a ese comportamiento quejumbroso y lloroso con el que los niños muestran que algo no va bien, sin que los padres siempre puedan saber exactamente qué es. El niño llora, está descontento, quiere que lo cojan en brazos y le cuesta mucho distraerse. La «fase de lloriqueo» es un término propio de la vida cotidiana familiar y no constituye un diagnóstico médico.
Incluso los lactantes pasan por este tipo de etapas. En muchos bebés, el llanto se intensifica hacia la segunda semana de vida y vuelve a disminuir entre los tres y los cuatro meses, a menudo con mayor intensidad por la tarde y a primera hora de la noche. Más adelante, los lloriqueos se manifiestan en los niños pequeños durante la fase de autonomía, que comienza hacia finales del segundo año de vida y se prolonga aproximadamente hasta el cuarto cumpleaños.
Un niño no se queja para molestar a sus padres. Aún no dispone de palabras para expresar lo que siente y utiliza la voz de la que dispone. Para los padres, esto suele parecer injustificado, ya que el niño, aunque esté saciado, seco y bien descansado, sigue mostrándose inquieto. Es precisamente este carácter enigmático lo que hace que las fases de lloriqueo resulten tan agotadoras.
¿Por qué se quejan los niños?
Un factor desencadenante habitual son los saltos en el desarrollo. Antes de que un niño domine una nueva habilidad, se producen muchos cambios en su mente y en su cuerpo. Esto le abruma, y la frustración por no ser capaz aún de hacer algo nuevo se manifiesta en forma de lloriqueos y llantos. Por eso, justo antes de dar sus primeros pasos, gatear o pronunciar sus primeras palabras, algunos niños se muestran especialmente cariñosos.
A esto se suman razones físicas sencillas: cansancio, hambre, la dentición o un exceso de estímulos en un día ajetreado. Los bebés alcanzan rápidamente el límite de lo que pueden asimilar y, entonces, reaccionan con sobreexcitación. En el caso de los niños pequeños que se encuentran en la fase de autonomía, el niño quiere hacer muchas cosas por sí mismo, fracasa debido a su propia torpeza y, como consecuencia, se enfada o se pone lloroso. Esto también forma parte del proceso normal de maduración.
Los expertos subrayan que la «fase de autonomía» es un nombre más adecuado que el antiguo término «fase de rebeldía». Lo principal es el niño, que se percibe a sí mismo como una persona independiente y se separa en cierta medida de sus padres. Las quejas son, en este contexto, el acompañamiento de un gran paso: el de la creciente independencia.
¿Una fase normal o una señal de alerta?
La mayoría de las fases de llanto y nerviosismo son inofensivas y desaparecen por sí solas. Un niño sano, al que de vez en cuando se le puede calmar y consolar, que se alimenta bien y gana peso, suele estar simplemente pasando por una etapa difícil.
Los padres deben prestar mayor atención si el patrón no se ajusta a lo habitual. Los pediatras hablan de un «bebé que llora mucho» cuando un lactante llora durante más de tres horas, al menos tres días a la semana y durante más de tres semanas, sin motivo aparente. Otros indicios que justifican una evaluación médica son:
- problemas persistentes para conciliar el sueño y dormir toda la noche
- dificultades para alimentarse o una evolución del peso anómala
- un niño al que, a pesar de todos los intentos, apenas se le puede calmar
- padres que se sienten cada vez más desamparados y al límite de sus fuerzas
Estas observaciones son motivo para solicitar asesoramiento médico, aunque, por lo general, físicamente todo esté bien.
¿Qué resulta útil en el día a día?
En el caso de los lactantes, los estímulos tranquilos y recurrentes tienen un efecto calmante: que los lleven en brazos, una voz suave, un tarareo apacible, un movimiento constante, un olor familiar. Lo mejor es que los padres utilicen estos recursos desde el principio, antes de que el llanto se intensifique. Se puede reorganizar una jornada ajetreada eliminando estímulos y manteniendo ritmos fijos para dormir y comer. Un paseo en el fular portabebés, una habitación a oscuras o el ruido constante de la lavadora tranquilizan a muchos bebés más rápidamente que cualquier intento de calmarles.
En el caso de los niños pequeños, ayuda saber qué está sucediendo en cada momento. Quien considera la fase de autonomía como un paso normal, se toma los lloriqueos menos a pecho y puede mantener los límites con más tranquilidad. Su hijo se recupera gracias a su tranquilidad; a esto se le denomina «corregulación».
Igualmente importante es su propia fortaleza. Las fases de lloriqueo agotan, sobre todo cuando se tiene falta de sueño. Planifique pequeños descansos, comparta las tareas con otra persona y busque ayuda antes de que la tensión se convierta en un agotamiento profundo. El autocuidado no es aquí un lujo, sino el requisito previo para mantener la calma cuando ya no le quedan fuerzas.
¿Cuándo y dónde solicitar ayuda?
El primer lugar al que acudir es la consulta del pediatra. Allí se podrá aclarar si detrás de tanto llanto se esconde simplemente una etapa difícil o si hay algo más detrás. En muchas regiones existen, además, servicios de atención a bebés que lloran mucho, centros de asesoramiento para padres con bebés y niños pequeños, así como centros familiares que ofrecen ayuda personalizada.
Rückenwind Le acompaña a usted, como padre o madre, a lo largo de las etapas familiares más difíciles, ofreciéndole orientación y estrategias para el día a día. Este acompañamiento no sustituye en ningún caso a un tratamiento médico o psicoterapéutico. Solo una consulta de pediatría o un servicio de psiquiatría infantil y juvenil pueden realizar una evaluación y un diagnóstico. Si tiene dudas, es mejor que solicite este asesoramiento antes de lo necesario que demasiado tarde.
Fuentes y enlaces de interés
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