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Trastorno de rumiación (rumiación)

Bei der Ruminationsstörung würgt ein Kind schon geschluckte Nahrung immer wieder mühelos hoch, kaut sie erneut und schluckt sie herunter oder spuckt sie aus, ohne dass eine körperliche Erkrankung dahintersteckt.

Índice

¿Qué significa «trastorno de rumiación»?

El término «rumiación» proviene de la palabra latina que significa «rumiar». Se refiere a un comportamiento en el que un niño devuelve a la boca, sin esfuerzo alguno, los alimentos que ya ha comido y tragado. Una vez allí, los vuelve a masticar y, a continuación, los traga o los escupe. Todo ello suele ocurrir de forma tranquila, a menudo a diario y sin signos de náuseas ni asco.

El trastorno de rumiación se clasifica dentro de los trastornos alimentarios o de la alimentación. En los sistemas de diagnóstico CIE (bajo el código F98.21) y DSM-5, figura como un cuadro clínico independiente junto a formas relacionadas, como el trastorno de la alimentación en la infancia y la primera infancia o la pica (la ingestión de sustancias no comestibles). Se presenta con mayor frecuencia en lactantes de entre tres y doce meses de edad, aunque también puede afectar a niños mayores, adolescentes y adultos. Para que se considere un trastorno, las arcadas deben producirse de forma repetida durante al menos un mes y no deben tener una causa física que las explique.

¿En qué se diferencia de los regurgitaciones, el reflujo y los vómitos?

Muchos bebés regurgitan. Durante los primeros meses de vida, hasta un 70 % de los lactantes sanos regurgitan de vez en cuando el contenido del estómago, debido a que el músculo situado en la entrada del estómago aún no está completamente desarrollado. Este regurgitar inofensivo y el reflujo gastroesofágico desaparecen por sí solos en la mayoría de los niños hacia los 18 meses de edad. En el caso de una enfermedad por reflujo patológico, se suman otros síntomas: hiperextensión durante la alimentación, inquietud, rechazo a la comida o un escaso aumento de peso.

En el caso de la rumiación, el cuadro es diferente. En este caso, no subyace ninguna enfermedad del esófago ni del estómago. Es importante diferenciarla del vómito: el vómito se produce de forma compulsiva, va acompañado de arcadas y, por lo general, de náuseas. Por el contrario, el regurgitar en la rumia se produce sin esfuerzo y, en parte, parece casi casual o intencionado. Antes de establecer el diagnóstico, los médicos deben descartar causas físicas como el reflujo, una estenosis u otras enfermedades gastrointestinales.

¿Cómo pueden los padres detectar la rumiación?

Es habitual que se produzca un patrón recurrente, que a menudo comienza poco después de las comidas. Los padres suelen observar lo siguiente:

  • la comida vuelve a la boca sin arcadas y sin esfuerzo visible.
  • El niño la mastica de nuevo y la vuelve a tragar o la escupe.
  • Algunos bebés realizan movimientos de tensión o succión con el tronco y la boca, como si ellos mismos provocaran el reflujo.
  • No se observan signos de enfermedad, como fiebre, dolor abdominal o náuseas.

Los niños mayores y los adolescentes suelen intentar ocultar este comportamiento y evitan comer en compañía de otras personas. Si la rumiación persiste durante mucho tiempo, puede provocar pérdida de peso, carencias nutricionales, mal aliento o lesiones en los dientes y el esófago. Estas consecuencias son una señal clara de que se debe consultar a un médico.

¿Cómo surge la rumiación?

No existe una causa única. Los expertos parten de la hipótesis de que se trata de un patrón aprendido, relacionado con el cuerpo, que ha cobrado vida propia. En el caso de los lactantes, las arcadas suelen convertirse en una forma de auto-calmarse cuando carecen de atención, estímulos o un ritmo fiable en otros ámbitos. Por ello, en la literatura especializada se mencionan como factores favorecedores las tensiones en la relación temprana entre el niño y la figura de referencia, así como las circunstancias vitales adversas. En los niños con discapacidad intelectual o con una alteración cerebral, la rumiación se da con mayor frecuencia.

Es importante que los padres tengan claro que este comportamiento no es una acción dirigida contra ellos ni un error de crianza. Se trata de un patrón de afrontamiento del cuerpo que puede modificarse con paciencia y el acompañamiento adecuado. Los sentimientos de culpa no ayudan al niño. En cambio, sí lo hace una actitud tranquila y atenta.

¿Qué puede ayudar?

La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, la rumiación se puede tratar con éxito. Los enfoques centrados en la terapia conductual son fundamentales. En el caso de los lactantes, lo más importante es un cuidado cálido y fiable: más contacto físico, comidas tranquilas, un ritmo diario claro y una atención esmerada, especialmente en los minutos posteriores a la comida. A menudo, este comportamiento desaparece cuando el niño recibe suficiente cercanía y estímulos por otras vías.

En el caso de los niños mayores y los adolescentes, se añaden técnicas que interrumpen el reflejo automático de regurgitación. Entre ellas se incluye el aprendizaje de una respiración abdominal relajada, que modifica el movimiento del diafragma, así como la percepción consciente de las situaciones en las que se produce la rumiación. Como padres, pueden ayudar manteniendo un ambiente relajado en la mesa, evitando la presión y las reprimendas, y sin reaccionar con gran agitación ante este comportamiento. En caso de pérdida de peso o signos de carencias nutricionales, la consulta médica responsable evaluará además el estado nutricional.

¿Cuándo y dónde solicitar ayuda?

Acuda al médico si su hijo regurgita alimentos de forma habitual durante varias semanas, si pierde peso, si no crece adecuadamente o si no está seguro de si detrás de las regurgitaciones se esconde una enfermedad física. El primer punto de contacto es la consulta de pediatría. Allí se descartarán en primer lugar las causas físicas, como el reflujo, y, si es necesario, se le derivará a un servicio de psiquiatría infantil y juvenil (KJP) o a centros especializados en alimentación y asesoramiento nutricional.

Rückenwind «Eltern» le acompaña como asesor a su lado: a la hora de ordenar sus ideas, preparar las conversaciones y gestionar su propia carga emocional. El diagnóstico y el tratamiento médico deben quedar exclusivamente en manos de un profesional médico o psicoterapeuta, o bien de un servicio de psiquiatría infantil y juvenil. Si observa este comportamiento, solicite esta evaluación especializada lo antes posible. Si se aborda a tiempo, resulta más fácil modificar este patrón.

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