Burnout Z73.0 ca. 5 Tiempo mínimo de lectura

Crisis de identidad parental (¿Quién soy yo, más allá de mi labor como cuidador?)

Wenn das Leben ganz um die Sorge für ein krankes oder belastetes Kind kreist, verschwinden eigene Rollen, Interessen und das Gefühl fürs eigene Ich. Diese schleichende Selbstauflösung ist eine verständliche Reaktion auf Dauerbelastung.

Índice

¿Qué es una crisis de identidad parental?

Quien acompaña durante mucho tiempo a un niño enfermo o con problemas emocionales adapta por completo su día a día a las necesidades de este. Las citas, las preocupaciones y la observación constante ocupan cada hora. Poco a poco, los propios roles pasan a un segundo plano: la novia, el compañero de trabajo, la persona con aficiones, opiniones y planes. Lo que queda, sobre todo, es el papel de cuidador o de persona que se ocupa de él.

Los expertos señalan que una situación de cuidados o asistencia casi siempre conlleva un cambio en los roles dentro de las relaciones. De este cambio puede surgir la sensación de: «Ya ni siquiera sé quién soy fuera de mi papel de cuidador». Esto no es una debilidad de carácter ni un fracaso. Es una consecuencia comprensible de que una persona haya dejado de lado sus propias necesidades durante meses o años. El término técnico para ello suele ser «pérdida de la propia identidad en el papel de cuidador».

Cómo pueden los padres detectar la autodestrucción

La crisis de identidad suele manifestarse de forma sutil. Los signos típicos son:

  • A la pregunta «¿Qué le gusta hacer?», ya no se le ocurre ninguna respuesta.
  • Los intereses, las amistades y los objetivos que antes tenía le parecen ajenos o sin importancia.
  • La propia valía se mide casi exclusivamente en función de si el niño se encuentra bien.
  • Persiste la sensación de no estar a la altura de nadie y de no encajar ya del todo en ningún papel.
  • Las relaciones se van enfriando, por falta de tiempo y porque dar explicaciones resulta demasiado agotador.

A menudo se suma un profundo agotamiento, además de irritabilidad o un vacío interior. Además, muchos padres experimentan un creciente aislamiento social: en las encuestas, una gran parte de los cuidadores afirma que su tiempo libre y su vida social se ven muy limitados y que se sienten solos con sus preocupaciones. Tomarse en serio estas señales es un primer paso y no motivo para sentirse culpable.

Por qué se pierde la propia identidad

El proceso sigue un patrón reconocible. La preocupación constante consume una enorme cantidad de energía, y el cuerpo reacciona con un agotamiento persistente. En los estudios sobre el agotamiento parental (parental burnout) se describen tres etapas: en primer lugar, un profundo agotamiento; a continuación, un distanciamiento emocional respecto al hijo; y, por último, la sensación de haber perdido la satisfacción y la seguridad que antes proporcionaba el papel de padre o madre.

Es precisamente en esta última etapa cuando la identidad se resquebraja. Quien dedica toda su energía a un único papel pierde poco a poco los demás puntos de referencia que normalmente proporcionan a una persona una imagen estable de sí misma. A ello se suma la carga real: los estudios realizados con familiares que prestan cuidados muestran un porcentaje muy elevado de personas con un fuerte estrés psicológico, así como riesgos de trastornos de adaptación y depresivos. La crisis de identidad es, por tanto, la consecuencia de una sobrecarga real y cuantificable a lo largo de un periodo prolongado, no solo un fenómeno psicológico.

Esto se ve agravado por los sentimientos típicos que acompañan al papel de cuidador: el remordimiento en cuanto uno piensa en sí mismo, la vergüenza por sentirse desbordado y la preocupación de que el entorno no comprenda la situación. De este modo, el repliegue hacia un mero funcionamiento se hace cada vez más probable, y el espacio para el «yo» propio sigue reduciéndose.

Caminos para recuperar la propia identidad

El camino de vuelta comienza con pequeños oasis de tranquilidad para uno mismo, no con un gran cambio radical. Lo más útil es, sobre todo:

  • Pequeños rituales personales: un paseo de diez minutos, leer un capítulo, tomarse una taza de café con tranquilidad. La regularidad es más importante que la duración. Más información al respecto en la sección «Autocuidado».
  • Retomar el contacto: una sola persona ante la que no tenga que «funcionar». Está demostrado que percibir la comprensión del entorno tiene un efecto liberador.
  • Compartir tareas: las ofertas de apoyo, otros miembros de la familia o servicios especializados se hacen cargo de partes concretas de los cuidados.
  • Ser amable con uno mismo: no juzgarse a uno mismo supone un alivio notable. El término técnico para ello es «autocompasión».

No se trata de estar menos presente para el niño. Un progenitor que vuelve a sentir su propia identidad puede asumir mejor el cuidado a largo plazo. Recuperarse a uno mismo forma parte de un acompañamiento estable, no es una contradicción con él.

También resulta útil recordar conscientemente aspectos del pasado: una actividad que le hacía feliz, un lugar en el que se sentía vivo, un papel más allá de la paternidad. Esos recuerdos no son algo perdido. Son puntos de partida que, paso a paso, pueden volver a integrarse en la vida cotidiana.

¿Cuándo y dónde solicitar ayuda?

Busque ayuda si el vacío se prolonga, si la alegría y la motivación brillan por su ausencia de forma permanente, si se siente completamente agotado o si le asaltan pensamientos de no querer seguir adelante. Estas señales merecen un acompañamiento, y debe ser temprano, no cuando ya se haya llegado al límite absoluto.

Los primeros puntos de contacto son el médico de cabecera, las consultas de psicoterapia, así como los servicios de asesoramiento y apoyo para familiares que prestan cuidados. En caso de crisis agudas o pensamientos suicidas, el servicio de asistencia telefónica (0800 111 0 111) y los servicios médicos de urgencias le atenderán las 24 horas del día.

Rückenwind Ofrece apoyo a los padres mediante coaching y acompañamiento parental. Janike es trabajadora social y coach parental, y está cursando la formación para convertirse en psicoterapeuta infantil y juvenil; sin embargo, no realiza diagnósticos ni sustituye a ninguna terapia. El diagnóstico de agotamiento, depresión u otros trastornos psicológicos solo puede realizarlo un profesional médico o psicoterapeuta. Dar este paso es una muestra de responsabilidad tanto hacia uno mismo como hacia el niño.

¿Le gustaría hablar de ello con alguien?

Primera consulta gratuita