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No tener ya paciencia

„Keine Nerven mehr haben" beschreibt schnelle Reizbarkeit bei Dauerbelastung: Der Körper steht unter Dauerstress, die Selbstregulation ist erschöpft, und schon Kleinigkeiten bringen Eltern auf die Palme. Mit Pausen, Ko-Regulation und Entlastung baut sich der Puffer wieder auf.

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¿Qué significa «no tener ya paciencia»?

«Ya no tengo paciencia», dicen muchos padres cuando basta cualquier tontería para que levanten la voz. El vaso de agua volcado, la tercera vez que preguntan por el móvil, un lloriqueo en la caja. Se refieren a un umbral de irritabilidad muy bajo. El cuerpo reacciona con mayor rapidez, la paciencia se agota antes y el tono de voz se vuelve más agudo de lo deseado.

Desde un punto de vista técnico, detrás de esto se encuentra la regulación del estrés, es decir, la capacidad de mantener la calma bajo presión y volver a relajarse después. Esta capacidad tiene sus límites. Si se exige durante semanas sin que haya momentos de descanso, queda menos margen para el siguiente estímulo. Este estado surge con la tensión prolongada y remite al aliviarse la situación. Para los padres cuyo hijo, además, está enfermo, inquieto o en tratamiento, el umbral de irritabilidad suele mantenerse bajo durante mucho tiempo, ya que la tensión rara vez cesa.

En qué aspectos deben fijarse los padres en sí mismos

A menudo, la pareja se da cuenta antes que uno mismo. Señales típicas:

  • Se reacciona con irritabilidad ante pequeñas cosas y, poco después, uno se arrepiente.
  • El cuerpo da señales: sueño superficial, tensión en la nuca, palpitaciones, cansancio constante.
  • La concentración y la memoria disminuyen, y las tareas sencillas llevan más tiempo.
  • Los ruidos, la cercanía o las preguntas del niño resultan agobiantes.
  • Tras un momento de alteración, surge el remordimiento.

Esta irritabilidad suele estar muy cerca de un agotamiento incipiente. Cuando los padres, durante un periodo prolongado, se limitan a reaccionar ante los incidentes y apenas planifican con antelación, se habla de «comportamiento parental reactivo».

Por qué la paciencia se agota más rápidamente en situaciones de estrés prolongado

Ante el estrés, el cuerpo entra en estado de alarma. El sistema nervioso simpático se activa, aumentan los niveles de adrenalina y cortisol, y se aceleran el ritmo cardíaco y la respiración. En situaciones de estrés agudo, esto resulta beneficioso y, posteriormente, remite. Sin embargo, en caso de estrés crónico, el sistema ya no logra recuperarse adecuadamente. El cerebro, el sistema nervioso y las glándulas suprarrenales permanecen hiperactivos, y los niveles de cortisol se mantienen elevados. Los portales especializados describen, entre otras consecuencias, trastornos del sueño, tensiones musculares, un sistema inmunológico debilitado y un mayor riesgo de sufrir depresión y trastornos de ansiedad.

Para quienes tienen poca paciencia, hay un aspecto decisivo: la autorregulación consume energía. Quien duerme poco por la noche, apenas tiene descanso y está constantemente alerta, consume esta energía más rápido de lo que tarda en reponerse. Entonces queda menos energía para detenerse un momento ante un estímulo. Esto explica por qué la misma situación apenas afecta en un día en el que uno se siente descansado, mientras que en un día en el que uno está agotado conduce inmediatamente a una discusión.

Lo que vuelve a dar margen a los nervios

El objetivo es proporcionar al organismo, que se encuentra en un estado de hiperactividad, un descanso auténtico. Las pequeñas pausas regulares resultan más eficaces para ello que una única sesión de descanso prolongada durante el fin de semana.

  • Reducir la carga básica: cuidar el sueño, mantener horarios fijos para las comidas y hacer ejercicio al aire libre. El cuerpo necesita esta base para eliminar las hormonas del estrés.
  • Pequeñas interrupciones: unas cuantas respiraciones tranquilas antes de responder, salir un momento de la habitación, beber agua. Esto le da al sistema nervioso unos segundos para relajarse.
  • Co-regulación: un adulto tranquilo ayuda al niño a calmarse. Esta co-regulación solo funciona si la propia batería está medianamente cargada. Primero hay que reducir la propia tensión y, después, acompañar al niño.
  • Buscar apoyo: repartir las tareas, involucrar a la pareja, a los abuelos o a los amigos, eliminar lo que no sea importante. Quien lo lleva todo a cuestas solo, pierde los nervios más rápidamente.

Si la tensión se mantiene constantemente alta y los padres entran en un estado de alerta permanente, las pausas aisladas suelen dejar de ser suficientes. En ese caso, merece la pena buscar ayuda externa.

Cuándo se trata de algo más que simple cansancio

Muchas cosas se pueden compensar con descansos y momentos de relajación. La situación se agrava cuando aparecen ciertos síntomas:

  • La irritabilidad persiste durante semanas, aunque haya habido fases más tranquilas entre medias.
  • Abatimiento persistente, ansiedad, insomnio o la sensación de no poder más.
  • Pensamientos de perder el control frente al niño.
  • Recurrir al alcohol o a los medicamentos para poder superar el día.

Ante estos síntomas, es recomendable buscar ayuda médica o psicoterapéutica; el primer punto de contacto es la consulta de su médico de cabecera. Rückenwind y Janike ofrecen apoyo a los padres mediante asesoramiento y ayuda en el día a día, pero no realizan diagnósticos. El diagnóstico médico, por ejemplo, de una depresión o un trastorno de ansiedad, debe realizarse por parte de un médico o un psicoterapeuta; para cuestiones relacionadas con el niño, debe acudir a la psiquiatría infantil y juvenil.

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