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Remordimientos

Das anhaltende Gefühl vieler Eltern, dem eigenen Kind nicht genug gerecht zu werden oder an dessen Erkrankung schuld zu sein. Meist ist es stärker als die tatsächliche Verantwortung.

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¿En qué consiste el sentimiento de culpa de los padres?

Muchos padres de niños con una enfermedad mental viven con un sentimiento constante de culpa. A menudo piensan: «No les he dedicado suficiente tiempo», «He reaccionado mal» o «No me he dado cuenta de los primeros síntomas». Se habla de «culpa parental» cuando este sentimiento trasciende una situación concreta y se convierte en un acompañante constante. Se manifiesta al mirar el móvil durante la cena, al cancelar una cita, ante cualquier decisión que parezca ir en contra del niño.

Un breve atisbo de remordimiento tras una discusión se desvanece rápidamente. El sentimiento de culpa al que nos referimos aquí persiste, incluso cuando, objetivamente, no ha ocurrido nada malo. Cuando la carga emocional se prolonga, suele ir acompañado de agotamiento y de la sensación de no estar a la altura de nadie.

Por qué los padres suelen sentirlo así

El sentimiento de culpa tiene varios orígenes. Los padres se sienten responsables del bienestar de su hijo, y esta responsabilidad no se limita a lo que están en condiciones de influir. Cuando se suma una enfermedad, la mente busca una explicación. La explicación más obvia es uno mismo.

A ello se suma la comparación con otras familias en las que, aparentemente, todo va sobre ruedas. Los consejos bienintencionados del entorno suelen aumentar aún más la presión. El propio niño también puede alimentar ese sentimiento mediante el retraimiento o los reproches. A menudo, la culpa va acompañada de vergüenza, por lo que los padres apenas hablan de ello. El silencio hace que ese pensamiento cobre mayor importancia de la que tendría si se compartiera con otras personas.

Hay ciertos factores desencadenantes que se repiten una y otra vez: la reincorporación al trabajo, una separación, discusiones sobre el tiempo frente a la pantalla, un ingreso hospitalario que se podría haber evitado. En retrospectiva, cada uno de estos puntos parece un posible punto de inflexión en el que se debería haber actuado de otra manera. De esta visión retrospectiva surge un sentimiento que se percibe como una prueba, aunque no lo sea.

Por qué la culpa rara vez está justificada

Una encuesta realizada a 68 padres de niños con enfermedades mentales pone de manifiesto cómo funciona este sentimiento: dos tercios de los padres biológicos estaban convencidos de ser los únicos responsables de la enfermedad. Los padres adoptivos y de acogida, por el contrario, apenas experimentaban ese sentimiento de culpa. Por lo tanto, la culpa está más ligada al papel de progenitor biológico que a un error real.

Según la clasificación del Instituto Federal de Salud Pública, la salud mental es un proceso de desarrollo continuo. La aparición de un trastorno depende de la interacción de numerosos factores: la predisposición genética, el temperamento del niño, los acontecimientos traumáticos y los procesos biológicos. Casi nunca existe una causa única que pueda atribuirse a uno de los progenitores. El auto-reproche ataca, por tanto, una responsabilidad que en realidad no existe de forma tan estrecha.

El remordimiento no es un indicador de culpa. Indica lo mucho que le importa el niño. Precisamente los padres que más se preocupan y se esmeran en el cuidado son los que con mayor frecuencia se atormentan por ello. Quien fuera realmente indiferente, ni siquiera tendría ese sentimiento.

Tratarse a uno mismo con amabilidad

La autocompasión consiste en tratarse a uno mismo en una situación difícil tal y como trataría a una buena amiga. Una prueba práctica: ¿reprocharía yo a otro padre o madre que se encontrara en la misma situación? La mayoría de las veces, la respuesta es no. Esa misma indulgencia debe aplicarse a uno mismo.

Resulta útil escuchar en voz alta esa frase interna tan dura y reformularla. En lugar de «He fracasado», se puede decir: «Me sentí desbordado y hice lo que pude en ese momento». Asimismo, dedicar un breve momento por la noche a señalar algo que haya salido bien hoy ayuda a dejar de centrarse exclusivamente en la búsqueda de errores.

Esto también implica permitirse momentos de respiro sin sentirse culpable. El manual para familias lo expresa claramente: los padres deben recargar sus energías una y otra vez, porque solo así podrán afrontar el día a día. Los portales especializados para familiares señalan que los padres no son terapeutas y deben aceptar que, a menudo, poco pueden hacer al respecto. Quedar con amigos, disfrutar de una tarde libre o tomarse un respiro forman parte del autocuidado y no suponen una negligencia hacia el niño.

¿Cuándo y dónde solicitar ayuda?

Si la culpa le quita el sueño, le paraliza a la hora de tomar cualquier decisión o se convierte en un abatimiento constante, es motivo para buscar ayuda. Los familiares pueden recurrir a ayuda profesional en situaciones de gran estrés, por ejemplo, acudiendo a un especialista en psiquiatría.

Los primeros puntos de contacto son el pediatra, un centro de asesoramiento educativo o el servicio psiquiátrico social local. El intercambio con otros padres afectados, ya sea en grupos de autoayuda o en un servicio de asesoramiento para padres, suele aliviar la carga emocional. Un servicio de acompañamiento como el de Rückenwind puede apoyar a los padres y aliviar su carga. No sustituye en modo alguno a un diagnóstico ni a un tratamiento. El diagnóstico de una enfermedad mental en el niño debe recaer exclusivamente en manos de un servicio de psiquiatría infantil y juvenil o de un profesional médico o psicoterapeuta.

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