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„Dreht auf" beschreibt, wenn ein Kind plötzlich überdreht, laut und kaum bremsbar wird, oft abends oder nach zu vielen Reizen. Dahinter steckt ein überlastetes Nervensystem, das nicht mehr herunterfährt.

Índice

¿Qué significa «Dreht auf»?

«Se pone muy activo» es una expresión que se utiliza en el día a día familiar, no un diagnóstico. Los padres se refieren con ello a un estado en el que su hijo, de un momento a otro, se vuelve ruidoso, revoltoso e inquieto. Corre por toda la vivienda, suelta risitas estridentes, se tira al sofá, habla sin parar y apenas reacciona cuando se le habla.

Es característica la contradicción que describen muchos padres: el niño está, en realidad, cansado, pero en lugar de calmarse, se acelera cada vez más. En términos técnicos, se habla de sobreexcitación, es decir, de un nivel de excitación demasiado elevado. El cuerpo está a mil, aunque hace tiempo que necesitaría un descanso. Esto ocurre con especial frecuencia a última hora de la tarde y por la noche, después de la guardería o el colegio, tras celebrar cumpleaños o tras pasar mucho tiempo frente a la pantalla. En algunos niños, este estado de hiperactividad también forma parte del cuadro clínico del TDAH.

Cómo pueden los padres detectar el «aufdrehen»

El aumento de la excitación rara vez se anuncia de forma discreta. En cuestión de minutos, el estado de ánimo pasa de ser normal a estar sobreexcitado. Signos frecuentes:

  • Ritmo: los movimientos y el habla se aceleran y se vuelven más fuertes; el niño ya no encuentra un momento de calma.
  • Imposibilidad de detenerse: las indicaciones como «cálmate poco a poco» caen en saco roto; el niño es incapaz de frenarse por sí mismo.
  • Sensibilidad excesiva: cualquier motivo insignificante provoca ataques de risa, lloriqueos o arrebatos repentinos de ira.
  • Cuerpo: cara enrojecida, inquietud frenética, comportamiento que va desde lo ridículo hasta lo inapropiado.

A menudo, a esta fase de agitación le sigue un colapso acompañado de llanto o discusiones, debido a que se ha agotado la energía. Si su hijo se pone nervioso por las tardes de forma habitual en lugar de cansarse, suele deberse a un día ajetreado cuyos efectos aún perduran. A esto se suma la sensación de no poder tranquilizarse que muchos niños muestran antes de dormir.

Por qué se altera el sistema nervioso

La agitación es una reacción al estrés. El sistema nervioso del niño capta impresiones durante todo el día: ruidos, luz, personas, exigencias, emociones. Si la cantidad es excesiva, se produce una sobrecarga sensorial. En lugar de relajarse, el cuerpo entra en un modo de alarma con un alto nivel de actividad. Esto explica por qué un niño con exceso de cansancio no se tranquiliza, sino que se vuelve más agitado.

Los niños aún no saben regular bien por sí mismos su nivel de excitación. Las regiones del cerebro responsables de la inhibición y el control de los impulsos no maduran hasta la adolescencia. Los portales especializados describen que los niños con TDAH tienen especial dificultad para mantener el nivel de excitación adecuado a cada situación. En ellos se manifiesta una fuerte necesidad de moverse, inquietud motora incontrolada y cambios bruscos de estado de ánimo. Por lo tanto, estar muy activo no es automáticamente un signo de TDAH. En primer lugar, es una señal de que el sistema está sobrecargado.

Qué pueden hacer los padres en estos momentos

Cuando el niño está sobreexcitado, le ayuda contar con un contrapunto tranquilo procedente del exterior, ya que por sí solo no es capaz de recuperarse. Esta forma de tranquilización desde el exterior se denomina «corregulación».

  • Frenar a tiempo: «pisar el freno» a tiempo, antes de que el niño se acelere por completo, en lugar de intervenir solo cuando ya ha alcanzado el punto álgido.
  • Reducir los estímulos: atenuar la luz, apagar la televisión y la música, y pedir a los demás niños o invitados que salgan un momento de la habitación.
  • Mantener la calma: voz suave y pausada, pocas palabras. El tono de voz elevado de los padres no hace más que avivar la situación.
  • Desviar la atención: leer en voz alta, dar un abrazo, hacer un rompecabezas o recoger juntos poco a poco proporcionan al cuerpo un punto de anclaje tranquilizador.
  • Contacto físico: un abrazo firme o una manta pesada tienen un efecto tranquilizador en muchos niños.

Regañar y discutir no sirven de mucho en ese momento, ya que es difícil llegar al niño a nivel cognitivo. Solo cuando la excitación disminuya, podrá volver a escuchar.

Prevención en la vida cotidiana de la familia

Muchas situaciones pueden atenuarse antes incluso de que el niño empiece a ponerse nervioso. Un ritmo constante proporciona estabilidad al sistema nervioso.

  • Planifique las transiciones: antes de acostarse, reserve al menos media hora de tranquilidad, en la que el juego bullicioso dé paso a la lectura, el baño o los mimos.
  • Horarios fijos: unos horarios constantes para las comidas y para dormir, junto con un ritual nocturno recurrente, aportan seguridad.
  • Tenga en cuenta la «dosis de estímulos»: por la noche, evite los juegos emocionantes, las pantallas justo antes de acostarse y las agendas muy apretadas a última hora de la tarde.
  • Identifique los factores desencadenantes: anote cuándo se produce el aumento de la excitación. A menudo se repiten factores como el hambre, el cansancio, el ruido o el final de un largo día.

Dormir lo suficiente es la mejor prevención, ya que un niño con exceso de cansancio se agita más rápidamente. Si la agitación y el exceso de cansancio se intensifican, conviene analizar el tema del cansancio crónico.

Cuándo se trata de una señal de alerta y dónde puede encontrar ayuda

Las rabietas ocasionales forman parte de la infancia y no son motivo de preocupación. Debe prestar atención si:

  • el niño se ponga muy nervioso casi a diario y en distintos ámbitos de su vida, por ejemplo, en casa y en la guardería;
  • la sobreexcitación se manifieste desde muy temprana edad, con intensidad y se prolongue durante muchos meses;
  • la necesidad de moverse, la impulsividad y los problemas de concentración dificulten notablemente la vida cotidiana;
  • el niño se ponga en peligro a sí mismo o a los demás, o sufra mucho por su propio estado.

Estos patrones pueden indicar un TDAH u otras causas. El primer punto de contacto es el pediatra; desde allí, si es necesario, se derivará al niño a un servicio de psiquiatría infantil y juvenil.

Rückenwind Le acompaña, en el marco de un programa de orientación para padres, a organizar la vida cotidiana de forma más tranquila, y no sustituye en modo alguno a un diagnóstico ni a una terapia. Solo un profesional médico o psicoterapeuta puede determinar si detrás de ese comportamiento hiperactivo se esconde un TDAH o cualquier otra causa.

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