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Pérdida de apetito de origen psicógeno

Bei psychogener Appetitlosigkeit verliert ein Kind den Appetit, weil es seelisch belastet ist, etwa durch Stress, Kummer oder Angst. Anders als bei Magersucht steckt keine Angst vor Gewichtszunahme und kein gestörtes Körperbild dahinter.

Índice

¿Qué es la pérdida de apetito de origen psicógeno?

La pérdida de apetito de origen psicógeno significa que un niño tiene poco o ningún apetito, y que la causa es de origen psicológico. «Psicógeno» significa «de origen psicológico». El apetito disminuye porque el niño se encuentra bajo presión, está triste o preocupado. En la clasificación médica de enfermedades (CIE-10), la pérdida de apetito de origen psicógeno figura bajo el código F50.8, correspondiente a «otros trastornos de la alimentación».

Es importante diferenciarla claramente de la anorexia nerviosa. En la anorexia nerviosa, el niño desea adelgazar de forma deliberada, tiene un gran miedo a ganar peso y percibe su propio cuerpo de forma distorsionada (se siente demasiado gordo, aunque tenga un peso inferior al normal). Todo ello está ausente en la pérdida de apetito de origen psicógeno. En este caso, el niño no se priva de comer a propósito y no presenta una imagen corporal distorsionada. Simplemente no tiene apetito porque se encuentra bajo una gran tensión emocional. También se diferencia de una simple negativa a comer sin diagnóstico, ya que en este caso prima un malestar emocional.

¿Cómo pueden reconocerla los padres?

El apetito suele desaparecer en una etapa en la que el niño no se encuentra bien emocionalmente. Los signos típicos son:

  • El niño come durante días o semanas mucho menos de lo habitual y aparta el plato.
  • Se queja de una sensación de malestar o de «pesadez» en el estómago, de náuseas o de un nudo en la garganta.
  • Las comidas se alargan; el niño pincha la comida con el tenedor, mastica durante mucho tiempo y pierde rápidamente el interés.
  • Al mismo tiempo, aparecen señales emocionales: estado de ánimo decaído, aislamiento, irritabilidad, problemas para dormir o ansiedad.
  • Si la situación se prolonga, se suman la pérdida de peso, el cansancio y la disminución de la fuerza.

Una diferencia importante con respecto a la anorexia: el niño no esconde la comida, no cuenta calorías y no se alegra en secreto de la pérdida de peso. Más bien sufre porque la comida no le sabe bien. Cuando la tensión remite, el apetito suele volver por sí solo.

¿Cómo se produce la pérdida de apetito de origen psicógeno?

El estrés prolongado y la tensión emocional afectan directamente al estómago. Ante la preocupación, el miedo o la tristeza, el cuerpo entra en estado de alarma, la digestión se ralentiza y desaparece el apetito. Los niños suelen percibir el estrés primero a nivel físico, antes de poder expresar con palabras lo que les ocurre.

Entre los factores desencadenantes más frecuentes se encuentran las discusiones o las separaciones familiares, el exceso de exigencia en el colegio, el acoso escolar, la pérdida de un ser querido o de una mascota, una mudanza u otros cambios importantes. Asimismo, los trastornos de ansiedad y la depresión en la infancia y la adolescencia suelen ir acompañados de pérdida de apetito y de peso. Los especialistas se refieren entonces a la falta de apetito como un síntoma acompañante de la enfermedad mental.

En ocasiones, el problema se agrava precisamente en la mesa. Cuando la comida se convierte en una lucha de poder diaria, la presión aumenta y el apetito sigue disminuyendo. Esta interacción es comprensible y no dice nada sobre la educación recibida; solo pone de manifiesto lo estrechamente relacionados que están los sentimientos y la alimentación.

¿Qué resulta útil en el día a día?

La estrategia más eficaz consiste en identificar la causa emocional y aliviarla. Cuando el niño se tranquiliza, suele recuperar el apetito. En el día a día, ha dado buenos resultados:

  • Quitar la presión de la hora de comer. Sin recompensas, sin coacciones, sin negociar cada bocado. A los niños les resulta más fácil comer cuando no se sienten observados.
  • Proporcione comidas tranquilas. Los momentos fijos y relajados en la mesa, sin pantallas y sin discusiones, ayudan más que las raciones abundantes (véase también «La situación a la hora de comer en la mesa»).
  • Ofrecer raciones pequeñas y apetecibles, así como sus platos favoritos, en lugar de insistir en que se acaben todo el plato.
  • Entable una conversación sobre lo que le preocupa al niño. Deje la comida al margen de la conversación. Escuchar sin ofrecer una solución inmediata alivia la tensión.
  • No se culpen a sí mismos como padres. La tranquilidad de los adultos se transmite al niño.

Estos pasos no resuelven por sí solos la causa subyacente, pero hacen que la mesa vuelva a ser un lugar seguro y evitan que la tensión y la falta de apetito se alimenten mutuamente.

¿Cuándo y dónde solicitar ayuda?

Es normal que los niños tengan poco apetito de forma temporal y, por lo general, no supone ningún problema. Los padres deben prestar especial atención si:

  • la falta de apetito se prolongue durante más de unas cuatro semanas,
  • el niño pierda peso de forma apreciable o deje de crecer,
  • el niño se muestra constantemente cansado, sin fuerzas o triste,
  • se suman miedos, aislamiento o problemas de sueño.

En ese caso, lo primero que debe hacer es acudir al pediatra. Allí se determinará si existe alguna enfermedad física subyacente. Si la causa es de carácter psicológico, puede ser conveniente realizar un estudio más detallado.

Janike Es trabajadora social y asesora parental, y está cursando la formación para convertirse en psicoterapeuta infantil y juvenil. Rückenwind le acompaña y le da fuerza como padre o madre, pero no establece diagnósticos ni sustituye ningún tratamiento. Solo un profesional médico o psicoterapéutico, o un servicio de psiquiatría infantil y juvenil (KJP), puede determinar si se trata realmente de una pérdida de apetito de origen psicógeno o de otra causa. Dar este paso es una muestra de cuidado.

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