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Estrés

Stress ist die körperliche Alarmreaktion auf Belastung. Kurzer Stress ist harmlos, anhaltender belastet Schlaf, Konzentration und Gesundheit von Kindern.

Índice

¿Qué es el estrés?

El estrés es una reacción física ante las exigencias. Los estímulos que se perciben como una carga se denominan factores estresantes: la presión del tiempo, el ruido, las discusiones, un examen, demasiadas citas. Cuando el cerebro percibe uno de estos estímulos como una carga, envía una señal a las glándulas suprarrenales. Estas segregan adrenalina y cortisol. El corazón late más rápido, la presión arterial aumenta, el nivel de glucosa en sangre se eleva y los músculos reciben un mayor riego sanguíneo.

El cuerpo genera energía en cuestión de segundos para luchar o huir. Esta reacción de «lucha o huida» se remonta a una época en la que el peligro físico era real. Una vez superada la situación estresante, los niveles hormonales vuelven a descender. En los niños ocurre exactamente lo mismo, solo que suelen reaccionar con mayor intensidad ante situaciones que los adultos consideran insignificantes: una exposición ante la clase, una discusión con la mejor amiga, el primer día en un nuevo grupo.

Estrés agudo y crónico

Los expertos distinguen entre estrés agudo y estrés crónico. El estrés agudo es de corta duración y desaparece rápidamente. Rara vez resulta perjudicial; por lo general, una reacción breve al estrés no provoca enfermedad. El problema surge cuando la situación de estrés no cesa. En el estrés crónico, las reacciones de estrés se repiten una y otra vez, los niveles de cortisol permanecen elevados y el cuerpo no consigue recuperar el estado de reposo.

A lo largo de semanas y meses, esto altera el sueño, la concentración y el sistema inmunitario. La tensión muscular se convierte en rigidez, dolores de cabeza y de espalda. Aumenta la propensión a las infecciones. El estrés prolongado incrementa, a la larga, el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, ansiedad y depresión. En los niños, el estrés prolongado suele manifestarse primero a nivel físico: dolor de estómago antes de ir al colegio, dolores de cabeza sin causa orgánica, problemas para conciliar el sueño y para dormir toda la noche. Cuanto más pequeño es el niño, más probable es que el cuerpo se exprese en lugar de las palabras.

Cómo pueden los padres detectar el estrés en los niños

Los niños rara vez dicen por iniciativa propia que están estresados. Lo manifiestan a través de su comportamiento. Los padres deben prestar atención cuando el comportamiento cambia de forma notable y se prolonga durante un tiempo:

  • Dolores de cabeza o de estómago frecuentes, para los que el pediatra no encuentra ninguna causa física
  • Problemas para dormir, pesadillas, levantarse por las mañanas con sensación de agotamiento y cansancio constante, llegando incluso al agotamiento
  • Irritabilidad, arrebatos repentinos de ira o agresividad
  • Alejamiento de los amigos, falta de interés por actividades que antes les resultaban divertidas
  • Problemas de concentración, indecisión, bajón en las notas

Es normal tener algún que otro mal día; los niños también pasan por fases buenas y malas. La señal de alarma reside en el patrón: frecuente, persistente y con repercusiones en la guardería, el colegio o la familia. Según el Centro Federal de Educación para la Salud, aproximadamente uno de cada seis niños de entre 3 y 17 años presenta un riesgo elevado de presentar trastornos psicológicos.

Lo que alivia la carga de las familias

Los niños se guían en gran medida por el comportamiento de sus padres. Quien vive el día a día con prisas, transmite ese estado. Por eso, más que un horario fijo, lo que ayuda es un entorno más tranquilo.

  • Rituales fijos y tranquilos: cocinar y comer juntos, una velada de lectura en voz alta, una rutina constante antes de acostarse
  • Reducir el número de compromisos. Las tardes repletas de actividades y las numerosas aficiones apenas dejan tiempo para relajarse
  • El ejercicio al aire libre reduce las hormonas del estrés
  • Escuchar sin ofrecer una solución inmediata. Un niño al que se le permite expresar su enfado se calma más fácilmente

Los niños pequeños aún no pueden calmar sus emociones por sí mismos. Necesitan tener a su lado a un adulto tranquilo que les apoye. Este proceso conjunto de tranquilización se denomina «corregulación» y es el paso previo a la posterior regulación emocional. Los niños mayores se benefician de estrategias sencillas de afrontamiento y de ejercicios de relajación, como la respiración tranquila o la relajación muscular progresiva.

Cuándo y dónde solicitar ayuda

Si los síntomas de estrés persisten durante semanas, si los dolores de estómago o de cabeza no desaparecen, si el niño se aísla o si su rendimiento escolar se ve afectado, es motivo para buscar ayuda. El primer lugar al que acudir es la consulta del pediatra. Este descartará posibles causas físicas y, si es necesario, derivará al niño a un especialista. Los acontecimientos traumáticos, como la separación de los padres, una enfermedad grave o una pérdida en la familia, pueden aumentar el riesgo de problemas psicológicos y justifican una intervención temprana.

Rückenwind Ofrece apoyo a los padres mediante el coaching y refuerza la vida cotidiana de la familia. Esto no sustituye a ningún diagnóstico ni a ninguna terapia. Janike es trabajadora social y coach para padres, y está cursando la formación para convertirse en psicoterapeuta infantil y juvenil; no está colegiada y no realiza diagnósticos. Solo un especialista en psiquiatría infantil y juvenil (KJP) o un médico psicoterapeuta puede determinar si detrás de los síntomas se esconde un trastorno que requiera tratamiento.

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